El amanecer del sábado trajo una escena repetida en decenas de aeropuertos de Estados Unidos: largas filas, pantallas llenas de vuelos cancelados y viajeros frustrados. Era el segundo día consecutivo de recortes masivos ordenados por la Administración Federal de Aviación (FAA), una consecuencia directa del cierre del gobierno federal que mantiene en vilo a miles de empleados públicos y a todo el sistema aéreo del país.
Desde las 6 de la mañana del viernes, la FAA pidió a las aerolíneas reducir 4% de sus operaciones en 40 aeropuertos principales, cifra que subirá a 10% el 14 de noviembre si el estancamiento político en Washington continúa. La medida busca evitar colapsos ante el ausentismo creciente de controladores aéreos y personal de seguridad, quienes siguen trabajando sin recibir salario.
Aerolíneas y pasajeros en crisis
Las grandes compañías —American Airlines, Delta, Southwest y United— ajustaron sus itinerarios de emergencia, cancelando o reduciendo cientos de vuelos. United recortó 168 vuelos este sábado, mientras que Southwest suspendió cerca de 100. Las cancelaciones se acumulan en ciudades clave como Atlanta, San Francisco, Houston, Phoenix, Washington D.C. y Newark, afectando a más de 5,600 vuelos desde el inicio del cierre.
Entre los pasajeros, la incertidumbre domina. Familias varadas, negocios interrumpidos y turistas resignados forman parte de un país que experimenta el impacto real de un cierre gubernamental prolongado: 39 días sin acuerdo político y miles de trabajadores sin sueldo.
Controladores aéreos, los héroes invisibles del caos
Casi 13,000 controladores aéreos y 50,000 agentes de seguridad continúan laborando pese a no recibir pago desde hace semanas. Muchos recibieron notificaciones de que no habrá compensación en el próximo ciclo de pago, lo que ha provocado una ola de ausencias y agotamiento extremo.
Bryan Bedford, administrador de la FAA, advirtió que entre 20% y 40% del personal aéreo no se presenta a trabajar cada día. “Estamos haciendo lo posible con lo que tenemos”, aseguró uno de los supervisores en el aeropuerto de Atlanta, reflejando el cansancio de una fuerza laboral que sostiene el sistema aéreo más grande del mundo sin certeza económica.
El cierre más largo y la presión política
Con 39 días de parálisis, este es ya el cierre de gobierno más prolongado en la historia de Estados Unidos. El presidente Donald Trump ha intensificado la presión sobre los demócratas para aceptar un plan republicano que permita financiar al gobierno y reabrir las agencias federales.
El secretario de Transporte, Sean Duffy, advirtió que podrían venir recortes del 20% en el tráfico aéreo si la situación empeora. “Tomaremos decisiones en función de lo que veamos en el espacio aéreo”, declaró.
Los demócratas, por su parte, responsabilizan a los republicanos de la crisis por negarse a prorrogar programas de salud y asistencia social. En el medio, millones de ciudadanos sienten los efectos de una lucha política que ha dejado a trabajadores sin ingresos y a un país atrapado entre el cielo y el caos.
Lo que viene: más recortes y riesgo de colapso
Si no hay acuerdo en el Congreso, la FAA prevé aumentar los recortes progresivamente para garantizar operaciones mínimas. Las aerolíneas han advertido que los retrasos podrían extenderse al inicio de la temporada navideña, un golpe devastador para el turismo y la economía.
El cierre no solo paraliza vuelos; simboliza un país dividido, donde la política se ha convertido en una turbulencia constante. La incertidumbre crece mientras los pasajeros siguen mirando las pantallas, esperando que pronto aparezca una sola palabra: “On time”.
