A solo dos semanas de Acción de Gracias, millones de estadounidenses se preparan para viajar y reunirse con sus familias. Sin embargo, este año, la tradición podría verse truncada por una crisis aérea que amenaza con dejar en tierra a miles de pasajeros.
El secretario de Transporte, Sean Duffy, advirtió que los vuelos podrían reducirse a un simple “goteo” debido a la creciente escasez de controladores aéreos. Las aerolíneas ya enfrentan un tercer día consecutivo de cancelaciones y retrasos, mientras la Administración Federal de Aviación (FAA) impone recortes por motivos de seguridad.
Un cierre que paraliza el país
Todo comenzó el 1° de octubre, cuando el cierre federal obligó a miles de empleados a trabajar sin sueldo. Entre ellos, más de 13 mil controladores aéreos y 50 mil inspectores de seguridad. Lo que inició como una medida temporal se ha convertido en el cierre más largo en décadas: 40 días sin solución a la vista.
Cada día, más controladores deciden jubilarse o no presentarse a trabajar. Antes del cierre, solo cuatro lo hacían a diario; hoy, la cifra supera los veinte. La FAA reconoce una carencia de entre mil y dos mil controladores, lo que ha obligado a reducir vuelos en 40 aeropuertos y afectar operaciones en 42 torres de control.
Aeropuertos colapsados y pasajeros frustrados
Ciudades como Nueva York, Chicago, Atlanta, Newark y San Francisco encabezan la lista de las más afectadas. El sábado, más de 1,500 vuelos fueron cancelados y 6,700 retrasados, cifras que han alarmado tanto a aerolíneas como a viajeros.
American Airlines, Delta, United y Southwest —las cuatro grandes de la aviación estadounidense— han tenido que cancelar cientos de vuelos diarios. La incertidumbre es tal que muchas rutas han quedado sin planificación, generando un efecto dominó que podría intensificarse conforme se acerque la festividad.
El impacto económico y emocional
Acción de Gracias es, históricamente, la semana más intensa de viajes en Estados Unidos. La reducción prevista del 10% en vuelos para mediados de noviembre no solo afecta a las aerolíneas: impacta directamente a las familias que esperan reencontrarse tras meses de distancia.
“Muchos no podrán subirse a un avión”, reconoció Duffy. Las imágenes de aeropuertos saturados, viajeros frustrados y personal agotado podrían convertirse en el símbolo de una crisis que va más allá del transporte: refleja el agotamiento de un sistema federal que no logra sostener su infraestructura humana.
¿Qué puede pasar si la crisis continúa?
Expertos advierten que, si el cierre se prolonga, los recortes podrían alcanzar el 20% del tráfico aéreo, comprometiendo incluso los vuelos de carga y emergencia. La FAA busca retener al personal veterano con incentivos, pero la desmotivación y la falta de pago amenazan con profundizar el problema.
Mientras tanto, millones de estadounidenses esperan una señal de solución. Si el gobierno no logra reabrir pronto sus operaciones, Acción de Gracias 2025 podría pasar a la historia como la festividad donde los cielos se apagaron.
