Altímetro roto causó choque mortal entre helicóptero y avión en D.C.

Altímetro roto causó choque mortal entre helicóptero y avión en D.C.
Altímetro roto causó choque mortal entre helicóptero y avión en D.C.

Era una fría noche de enero cuando la tragedia sacudió el corazón de Estados Unidos. Un helicóptero militar Black Hawk colisionó con un avión comercial mientras este último se aproximaba al Aeropuerto Nacional Reagan en Washington D.C. El resultado: 67 personas muertas, entre ellas jóvenes patinadores de élite, entrenadores y trabajadores sindicalizados.

Lo que en principio parecía un accidente aislado, pronto reveló una cadena de errores, negligencias y advertencias ignoradas que pudieron evitarlo.

Un altímetro defectuoso y decisiones fatales

Durante tres días de intensas audiencias, la Junta Nacional de Seguridad del Transporte (NTSB) expuso detalles clave del desastre. El altímetro barométrico del Black Hawk presentaba un fallo que indicaba una altitud entre 24 y 30 metros menor a la real. Aunque algunos oficiales lo consideraron “tolerable”, otros expertos, como Rick Dressler de Metro Aviation, advirtieron que tal discrepancia sería inadmisible en aeronaves civiles.

Lo más alarmante fue que otras tres aeronaves del escuadrón mostraban fallas similares. Ninguna contaba con computadoras de datos aéreos modernas, lo que agravaba el riesgo de lecturas imprecisas en pleno vuelo.

“Arréglalo. Hazlo mejor”: el reclamo de la NTSB a la FAA

Jennifer Homendy, presidenta de la NTSB, no contuvo su indignación durante la audiencia: “¡Sesenta y siete personas están muertas! ¿Cómo lo explicas? ¿Con burocracia? Arréglalo”. Las declaraciones fueron dirigidas a la Administración Federal de Aviación (FAA), a la que se acusa de haber desestimado múltiples advertencias previas sobre el peligro de permitir vuelos de helicópteros militares en zonas de tráfico comercial denso.

En 2022, un grupo de trabajo propuso incluir alertas en los mapas de vuelo que advirtieran sobre esta situación, pero la FAA rechazó la recomendación.

Separación mínima y decisiones a ciegas

Uno de los puntos más críticos fue la autorización de rutas con separaciones tan reducidas como 23 metros entre helicópteros y aeronaves durante maniobras de aproximación. Scott Rosengren, ingeniero del ejército, lo calificó como “preocupante”. El jefe de pilotos David Van Vechten agregó que permitirle al Black Hawk avanzar bajo esas condiciones era “insólito”.

El controlador aéreo interrogó dos veces al helicóptero si tenía al avión a la vista. Aunque los pilotos afirmaron que sí —usando gafas de visión nocturna—, la posterior colisión sugiere que no era cierto o que lo identificaron demasiado tarde. El avión intentó remontar tras recibir una alarma, pero el impacto fue inevitable.

Una tragedia construida con omisiones

La investigación concluyó que no hubo un único culpable. Fue una tragedia construida por omisiones sistémicas: fallas técnicas no atendidas, advertencias ignoradas y protocolos insuficientes. “Fue una semana de ajuste de cuentas para la FAA y el ejército”, dijo el consultor Jeff Guzzetti.

Y aunque el dolor por las víctimas sigue latente, la pregunta que queda en el aire es: ¿cuántas advertencias más ignorará el sistema antes de que vuelva a ocurrir algo similar?

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