
Los pelícanos blancos vuelven a escribir una página inesperada en la historia ambiental del Valle de México. La escena ocurrió en el Área Natural Protegida del ex Lago de Texcoco, donde más de 40 ejemplares de esta especie fueron observados tras más de 15 años de ausencia, un hecho que marca un hito en los trabajos de recuperación ecológica de la zona.
La presencia de pelícanos blancos no es solo una postal hermosa para quienes recorren el Lago Nabor Carrillo, sino una señal clara de que los ecosistemas empiezan a sanar. Para especialistas en conservación, el retorno de estas aves migratorias refleja que los cuerpos de agua han recuperado condiciones mínimas de calidad, profundidad y disponibilidad de alimento.
Desde hace años, el ex Lago de Texcoco carga con una herida abierta: haber sido parcialmente transformado por el proyecto del Nuevo Aeropuerto Internacional de México. Hoy, esa herida comienza a cerrarse con el regreso de especies que habían desaparecido del paisaje.
El avistamiento que sorprendió a los brigadistas
Durante un recorrido de vigilancia realizado el 22 de enero en el Lago Nabor Carrillo, personal del Área Natural Protegida detectó más de 40 ejemplares de pelícanos blancos americanos. Para quienes llevan años monitoreando la zona, la imagen fue tan inesperada como emocionante.
En octubre de 2024, brigadas comunitarias ya habían registrado un primer indicio con el avistamiento de un solo ejemplar en la Ciénega de San Juan. Dos meses después, otro individuo fue visto nuevamente en el Nabor Carrillo. Estos reportes aislados anticipaban lo que hoy se confirma: los pelícanos blancos están regresando de forma sostenida.
El fenómeno no ocurrió de la noche a la mañana. Se trata del resultado de un proceso lento, técnico y socialmente complejo que comenzó tras la cancelación del proyecto aeroportuario.
Restaurar un lago que parecía perdido
Desde 2022, la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas ha trabajado junto con comunidades, organizaciones sociales y universidades para restaurar el ecosistema del ex Lago de Texcoco. El objetivo no solo ha sido recuperar cuerpos de agua, sino restablecer dinámicas hidrológicas y biológicas.
Gracias a estas acciones, los pelícanos blancos han encontrado nuevamente un sitio donde alimentarse, descansar e integrarse a las rutas migratorias. La recuperación de siete de los nueve ríos que fueron desviados durante las obras del aeropuerto ha sido clave para este proceso.
Hoy, lagunas, humedales y vasos reguladores vuelven a cumplir funciones ecológicas que habían sido anuladas durante años.
Cuerpos de agua que renacen
Uno de los logros más destacados se alcanzó durante la última temporada de lluvias, cuando se captaron alrededor de 43 millones de metros cúbicos de agua, cubriendo más de 4 mil 300 hectáreas. Esta acumulación permitió que zonas antes secas volvieran a convertirse en hábitats funcionales.
El área conocida como “X”, destinada originalmente a las pistas del aeropuerto, concentra más de tres millones de metros cúbicos de agua. En el Lago Nabor Carrillo se almacenan cerca de 18 millones, mientras que la Laguna de Regulación Horaria supera los 2.4 millones.
Otras zonas como Churubusco, El Fusible, Texcoco, Xalapango, Casa Colorada y la Ciénega de San Juan completan un mosaico hídrico que explica por qué los pelícanos blancos han regresado.
Un termómetro de biodiversidad
En ecología, ciertas especies funcionan como indicadores de salud ambiental. Los pelícanos blancos son uno de ellos. Su presencia sugiere disponibilidad de peces, estabilidad en los niveles de agua y menor perturbación humana.
Además de estas aves, se han detectado tres nuevas especies en el corredor entre el Caracol, en Ecatepec, y la Ciénega de San Juan. Con ellas, ya suman 13 especies que han anidado en la zona en los últimos años.
Se estima que entre 250 y 280 mil aves migratorias llegan a invernar cada temporada, destacando el pato cucharón. En este contexto, los pelícanos blancos no llegan solos: son parte de un regreso más amplio de la vida silvestre.
Del concreto al humedal
El contraste es brutal. Donde antes se levantaban plataformas de concreto, hoy hay espejos de agua que reflejan bandadas de aves. El ex Lago de Texcoco pasó de ser símbolo de un megaproyecto fallido a convertirse en un laboratorio vivo de restauración ambiental.
Los pelícanos blancos sobrevuelan ahora una zona que hace una década parecía condenada. Este giro narrativo ha sido impulsado por políticas públicas, presión social y un cambio de visión sobre el uso del territorio.
Para las comunidades cercanas, el regreso de estas aves tiene también un valor simbólico: demuestra que es posible revertir daños ambientales profundos.
Ciencia, comunidad y paciencia
Nada de esto habría ocurrido sin la participación de brigadas comunitarias, investigadores y autoridades ambientales. El monitoreo constante ha permitido documentar cada cambio, desde la calidad del agua hasta la diversidad de especies.
Los pelícanos blancos, al elegir este sitio para detenerse, validan años de trabajo técnico que no siempre fue visible ni celebrado.
La restauración ecológica no es inmediata. Requiere tiempo, inversión y acuerdos sociales. Texcoco hoy ofrece un ejemplo tangible de que los ecosistemas pueden recuperarse si se les da la oportunidad.
Un mensaje para la política ambiental
El retorno de los pelícanos blancos envía un mensaje poderoso: los proyectos de infraestructura deben considerar impactos a largo plazo y alternativas de recuperación.
La experiencia del ex Lago de Texcoco podría servir como modelo para otras zonas degradadas del país. No se trata solo de conservar lo que queda, sino de restaurar lo que ya se perdió.
En tiempos de crisis climática, cada humedal recuperado cuenta. Cada ave que regresa importa.
Un futuro que vuelve a volar
Hoy, los pelícanos blancos se han convertido en protagonistas de una historia de resiliencia ecológica. Su imagen planeando sobre lagunas renacidas resume una década de conflictos, decisiones políticas y trabajo ambiental.
No es una victoria definitiva, pero sí una señal alentadora. El ex Lago de Texcoco vuelve a latir, y con él regresan especies que parecían haberlo abandonado para siempre.
Mientras las brigadas siguen vigilando y las comunidades participan en su cuidado, los pelícanos blancos continúan escribiendo una historia que apenas comienza.