En el corazón de San Salvador Atenco, donde hace dos décadas se pretendía levantar un aeropuerto sobre más de 5 mil hectáreas expropiadas, hoy la vida vuelve a florecer. Los campesinos del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra (FPDT) no sólo recuperaron sus tierras, también el agua, la memoria y la dignidad.
La historia no es de una simple disputa territorial, sino de un movimiento que trascendió generaciones. Lo que alguna vez fue terreno de maquinaria y proyectos inconclusos, ahora son parcelas reverdecidas con maíz, pozos abiertos para el riego y cuerpos de agua que regresaron con fuerza a su vocación natural.
La Tercera Feria del Maíz y la Milpa: símbolo de resistencia
Este 27 y 28 de septiembre, los ejidatarios celebraron la Tercera Feria del Maíz y la Milpa, un espacio que combina tradición, cultura y lucha social. Con recorridos guiados por el ex Lago de Texcoco y demostraciones del pez mexicalpique, especie endémica que regresa como testigo de la resistencia, la comunidad mostró al país que Atenco no olvida y tampoco se rinde.
Ignacio del Valle y Adán Espinoza, líderes históricos del movimiento, recordaron que “la tierra es vida, alimento y futuro”. Frente a jóvenes y familias, llamaron a mantener viva la defensa campesina, no solo como un acto de resistencia, sino como una forma de reconciliación con la naturaleza.
Atenco frente al poder: memoria de una lucha
La lucha del FPDT comenzó en 2001, cuando el gobierno de Vicente Fox intentó pagar apenas 7.20 pesos por metro cuadrado de ejido para el aeropuerto. Lo que siguió fue una de las resistencias sociales más emblemáticas del México contemporáneo.
En mayo de 2006, bajo el gobierno de Enrique Peña Nieto en el Estado de México, la represión policial dejó huellas imborrables: detenciones, violencia y encarcelamientos. Sin embargo, el FPDT nunca claudicó.
La cancelación del proyecto durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador no significó el fin de la lucha. Para los campesinos, defender la tierra sigue siendo un deber intergeneracional.
Tierra y agua recuperadas: legado para el futuro
Hoy, donde se proyectaban pistas aéreas, crece maíz, brotan cosechas y el agua vuelve a ser aliada del campo. Atenco no sólo ganó una batalla territorial: construyó un ejemplo de resistencia campesina que inspira a otras luchas dentro y fuera de México.
La Feria del Maíz también se solidarizó con Palestina, recordando que la defensa de la tierra y la vida es una causa universal.
