Menores en riesgo: un millón consume tabaco en México

Menores de edad afectados por tabaco, vapeo y alcohol en México; expertos advierten sobre riesgos físicos y mentales en la adolescencia

Menores de edad en alerta por consumo de tabaco y alcohol en México, según Ensanut, alertan especialistas por su impacto en la salud pública

Menores de edad en México hoy cargan con una realidad que inquieta a médicos, padres y autoridades: el consumo de tabaco, vapeo y alcohol sigue creciendo en edades cada vez más tempranas. En México, casi un millón de menores de 18 años fuma, pese a que la venta de estos productos está prohibida. Los datos más recientes de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición muestran que los menores no sólo están expuestos al cigarro tradicional, sino también a los cigarrillos electrónicos, que muchos perciben erróneamente como inofensivos.

La escena se repite en patios escolares, parques y reuniones juveniles. Algunos menores sostienen un vapeador como si fuera un accesorio de moda; otros comparten una bebida alcohólica en fiestas familiares. Lo que parece un rito de paso es, en realidad, un problema de salud pública que avanza silenciosamente.

El avance del tabaco y el vapeo en adolescentes

En México, 4.6 por ciento de adolescentes entre 10 y 19 años fuma. Detrás de esa cifra hay historias de curiosidad, presión social y fácil acceso. Cerca de un millón de menores de edad ya tiene contacto habitual con el tabaco, aun cuando la ley prohíbe su venta a este grupo.

A esto se suma el uso de cigarrillos electrónicos. Un 2.6 por ciento de los adolescentes, alrededor de 500 mil jóvenes, utiliza vapeadores. De ellos, 200 mil son mujeres. Los sabores dulces, la apariencia moderna y la falsa percepción de menor daño explican por qué tantos menores se sienten atraídos por estos dispositivos.

Especialistas del Instituto Nacional de Salud Pública han advertido que estos productos no sólo afectan los pulmones, sino que también se asocian con trastornos de ansiedad, problemas de concentración y mayor probabilidad de probar el cigarro convencional. En la adolescencia, cuando el cerebro aún se está desarrollando, el impacto es más profundo.

Alcohol: un consumo normalizado entre jóvenes

El tabaco no es el único riesgo. El alcohol se ha convertido en una presencia habitual en la vida de muchos menores. El 21 por ciento de los adolescentes reporta haber bebido alguna vez, mientras que 13.9 por ciento lo hizo en el último año y 5.2 por ciento en los últimos 30 días.

Para muchos menores, la primera copa llega en una fiesta familiar o una reunión con amigos. Nadie lo ve extraño. Sin embargo, los expertos señalan que iniciar el consumo de alcohol a temprana edad aumenta el riesgo de dependencia en la adultez y de sufrir accidentes, violencia o problemas de salud mental.

El consumo excesivo también preocupa. Casi 35 por ciento de la población de 10 años y más reporta haber tenido episodios de ingesta elevada. Entre los menores, esto se traduce en desmayos, intoxicaciones y bajo rendimiento escolar.

Riesgos físicos y mentales que no se ven

Los efectos del tabaco, el vapeo y el alcohol no siempre son inmediatos. Muchos menores se sienten invencibles. Pero el daño se acumula. El humo del cigarro afecta los pulmones y el sistema cardiovascular; el vapeo introduce sustancias químicas que irritan las vías respiratorias; el alcohol altera el desarrollo cerebral.

Estudios internacionales han vinculado estos consumos con depresión, ansiedad y problemas de conducta. Para los menores, que aún están formando su identidad, estas alteraciones pueden marcar el resto de su vida.

Además, el uso de cigarrillos electrónicos se ha asociado con una mayor probabilidad de terminar fumando tabaco tradicional. Lo que empieza como un juego termina en una adicción.

Un problema de salud pública en expansión

México no está solo en esta crisis. A escala global, el consumo de alcohol es responsable de más de 200 problemas de salud y se estima que en 2019 causó 2.6 millones de muertes. La región de las Américas es la segunda con mayor consumo per cápita.

En el país, entre 2010 y 2019, la ingesta de alcohol puro aumentó más de 0.6 litros por persona. Aunque estas cifras incluyen a adultos, los menores forman parte de una tendencia que preocupa a las autoridades sanitarias.

Por estados, la prevalencia más alta se registra en Aguascalientes, Ciudad de México y Baja California. En contraste, Chiapas, Oaxaca y Tabasco muestran cifras menores, pero no están exentos del problema.

La facilidad de acceso y la falta de controles

Uno de los factores que más influye es la facilidad con la que los menores consiguen tabaco, vapeadores y alcohol. Tiendas que no piden identificación, vendedores ambulantes y adultos que compran por ellos hacen que la prohibición sea letra muerta.

En redes sociales, la publicidad encubierta de vapeadores refuerza la idea de que son productos inofensivos. Para los menores, la estética pesa más que la información científica.

Las autoridades han intensificado operativos, pero los resultados son insuficientes. Sin un cambio cultural y mayor vigilancia, los menores seguirán siendo el blanco fácil de estas industrias.

Menores de edad se sienten invencibles, pero el humo del cigarro daña los pulmones y sistema cardiovascular.

Historias que reflejan una realidad incómoda

Ana tiene 14 años y empezó a vapear por curiosidad. “Todos mis amigos lo hacían”, dice. En pocos meses, ya no podía pasar un día sin su dispositivo. Carlos, de 16, probó alcohol en una fiesta familiar y hoy bebe cada fin de semana. Ambos son menores que encarnan una estadística que crece.

Sus padres no siempre saben lo que ocurre. Muchos creen que “es normal” experimentar. Pero los especialistas insisten: normalizar el consumo entre menores es abrir la puerta a problemas futuros.

¿Qué se puede hacer para proteger a los menores?

La prevención es clave. Programas escolares que informen sobre riesgos reales, campañas en medios y un mayor control en puntos de venta son pasos urgentes.

También es fundamental que los padres hablen abiertamente con sus hijos. Escuchar, informar y poner límites claros puede marcar la diferencia.

Para los menores, sentirse acompañados reduce la necesidad de buscar aceptación a través de conductas de riesgo.

Los menores al sentirse acompañados reducen la necesidad de buscar aceptación a través de conductas de riesgo.

Un llamado a la acción colectiva

El consumo de tabaco, vapeo y alcohol entre menores no es un problema aislado. Es el reflejo de una sociedad que ha normalizado prácticas dañinas.

Si no se actúa ahora, los menores de hoy serán los adultos con problemas de salud de mañana.

Proteger a los menores es una responsabilidad compartida. Autoridades, familias, escuelas y medios deben trabajar juntos para frenar una tendencia que amenaza el futuro de toda una generación.

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