El nombre de Juan Rulfo evoca dos obras inmortales: Pedro Páramo y El Llano en llamas. Pero pocos saben que antes de sus relatos cargados de silencio y desolación, Rulfo ya contaba historias, no con palabras, sino con imágenes. Su cámara Rolleiflex fue testigo de su primer amor creativo: la fotografía.
Con miles de negativos acumulados a lo largo de sus viajes por México, Rulfo no sólo exploró los rincones del país; los inmortalizó desde una perspectiva única, entre la belleza áspera de los paisajes y la vida cotidiana de sus habitantes.
La fotografía, su primera narrativa
En la década de 1940, Juan Rulfo trabajaba como agente de migración, un oficio que le permitió recorrer México y capturar la esencia de sus paisajes, su arquitectura y su gente. No sólo registraba el entorno, sino que lo interpretaba con un ojo poético.
Sus imágenes van más allá del registro documental: son cuadros cargados de silencio, melancolía y soledad, ecos visuales de la voz narrativa que años después consagraría en su literatura.
Entre cactus y pueblos olvidados: El México de Rulfo
Rulfo se fascinó con los entornos áridos, los cielos vastos y los detalles cotidianos que hablan de la vida rural mexicana. Sus fotografías de cactus espinosos y paisajes desérticos resuenan con la misma sutileza de su prosa: lo no dicho se convierte en protagonista.
Entre las imágenes más impactantes de su acervo están las de pueblos semiabandonados, calles polvorientas y rostros indígenas que parecen encapsular siglos de historia. Como sus personajes literarios, los sujetos de sus fotos son figuras solitarias, inmersas en un tiempo suspendido.
Exposiciones y rescate póstumo de su obra fotográfica
Aunque fue reconocido como fotógrafo en vida, la verdadera valoración de su obra llegó años después de su muerte. Su acervo de miles de negativos fue organizado y llevado a exposiciones en prestigiosos espacios, como el Museo Amparo en Puebla y el Museo de Arte Moderno en la Ciudad de México.
Además, publicaciones como Juan Rulfo: Letras e imágenes han permitido que su faceta fotográfica llegue a nuevas generaciones. Cada imagen es una ventana a un México que, aunque transformado, permanece vivo en su esencia.
Rulfo: un puente entre la imagen y la palabra
El paralelismo entre sus fotografías y su narrativa es ineludible. Las sombras que llenan sus imágenes parecen materializarse en los fantasmas de Comala, y la austeridad de sus paisajes visuales es el espejo de su estilo literario.
Ambas vertientes creativas comparten una sensibilidad única para capturar lo intangible: la soledad, el silencio y la belleza escondida en lo cotidiano.
Rulfomanía renovada: El impacto de la cultura pop
El reciente éxito de las adaptaciones de Pedro Páramo y Como agua para chocolate en plataformas de streaming ha revivido el interés por la literatura latinoamericana. Pero también ha puesto bajo los reflectores las otras facetas de grandes autores como Rulfo.
Hoy, su obra fotográfica resuena con fuerza, recordándonos que detrás de cada escritor hay una mirada única al mundo.
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