DINASTÍAS Y DESFALCOS: La Guerra Civil de los Guardia-Chacón-Tuñón Explota Públicamente
La paz era una ilusión. La frágil tregua entre Maribel Guardia y la viuda de su hijo, Imelda Tuñón, ha saltado por los aires, detonando una guerra de acusaciones que involucra infidelidad, ataques mediáticos y serias consecuencias de salud. En el centro de la tormenta se encuentra Marco Chacón, esposo de Maribel, a quien no solo acusan de deslealtad, sino de ser el arquitecto de una campaña de desprestigio contra Imelda. Esto no es un simple pleito familiar; es una lucha por el legado, la reputación y el control de la narrativa pública.
¿Quién es el verdadero villano en este drama familiar?
El campo de batalla es ahora público. Imelda Tuñón, quien ha mantenido un perfil relativamente bajo tras la trágica muerte de su esposo Julián Figueroa, ha salido a la ofensiva. Acusa directamente a Maribel Guardia y, con más fuerza, a Marco Chacón, de estar detrás de los ataques que ha recibido del periodista Gustavo Adolfo Infante. Pero la acusación más incendiaria de Tuñón es que el estrés provocado por este conflicto envió a su propio padre al hospital. Con esta declaración, Imelda eleva el conflicto de un chisme de farándula a una cuestión de vida o muerte.
Por su parte, Marco Chacón ha roto el silencio para defenderse. Enfrenta no solo las acusaciones de orquestar una campaña mediática, sino también señalamientos directos de infidelidad y de ostentar títulos académicos falsos. Su contraataque es predecible: negar todo y posicionarse como víctima junto a Maribel. Lo que estamos presenciando es una clásica guerra de poder por el control de la opinión pública. Imelda lucha por su dignidad y la de su familia, mientras que Maribel y Marco luchan por proteger la imagen de matriarcas y patriarcas benevolentes que han construido durante décadas. Cada bando se pinta como la víctima, pero en esta clase de guerras, rara vez hay inocentes.
Bajo la Lupa: ¿Por qué ahora? El juego de poder detrás del escándalo
La pregunta clave es el timing. ¿Por qué esta disputa, que seguramente ha estado hirviendo a fuego lento en privado, explota ahora con tanta virulencia? La respuesta podría estar en el control del legado de Julián Figueroa y la administración de su imagen y patrimonio. Mientras la narrativa oficial era la de una familia unida en el dolor, la realidad subyacente parece ser una lucha de poder sobre quién tiene la última palabra.
Imelda Tuñón, al hacer públicas sus acusaciones, está jugando su carta más fuerte. Sabe que la imagen de Maribel Guardia como la madre doliente y abuela abnegada es su mayor activo. Al atacar esa imagen, acusándola a ella y a su esposo de tácticas crueles, Imelda busca desequilibrar el tablero. Señala a Chacón como el operador en las sombras, un movimiento estratégico para aislarlo y presentarlo como una influencia negativa. Este no es un arrebato emocional; es un movimiento calculado. Es una lucha por no ser borrada de la ecuación, por asegurar su lugar y el de su hijo en la historia de la familia. La guerra no es por dinero, es por algo mucho más valioso en el mundo del espectáculo: la relevancia y la narrativa.
Las familias felices son todas iguales, pero cada familia infeliz del espectáculo es un imperio en guerra. Y nosotros tenemos el mapa del frente de batalla.
