Guillermo del Toro emociona en Venecia con su versión de Frankenstein

Guillermo del Toro emociona en Venecia con su versión de Frankenstein
El director mexicano presentó Frankenstein en el Festival de Venecia, una obra emotiva que combina el legado gótico de Mary Shelley con su visión personal del monstruo.

Una espera que terminó entre ovaciones

La mañana en Venecia comenzó distinta. A las 8:30, en una sala repleta de críticos, cinéfilos y curiosos, se apagaron las luces y la expectativa dio paso a la emoción. Guillermo del Toro, ganador del Óscar y una de las voces más poderosas del cine contemporáneo, presentó en competencia por el León de Oro del Festival de Venecia 2025 su esperada versión de Frankenstein.

La película, largamente anunciada y envuelta en misterio, generó un murmullo que se convirtió en silencio respetuoso. No era un estreno más: era el encuentro de un mito literario de más de dos siglos con la mirada de un cineasta que ha hecho del monstruo su símbolo más entrañable.


Frankenstein, del terror al dolor humano

Quien esperara una historia de horror fiel a la pluma de Mary Shelley, se encontró con una sorpresa. Del Toro dejó claro en conferencia de prensa que su visión no pretende reproducir los miedos góticos del siglo XIX, sino abrir una ventana a la fragilidad del alma.

Aquí, Frankenstein no es una criatura diseñada para asustar, sino un ser marcado por la soledad, el rechazo y el deseo imposible de pertenecer. En palabras del director: “El monstruo refleja lo más humano de nosotros: el anhelo de amor, aun cuando nos sentimos condenados a no merecerlo”.


Entre el legado gótico y la sensibilidad mexicana

Desde niño, Del Toro se fascinó con las formas góticas de las iglesias en Guadalajara. Ese imaginario visual, cargado de sombras y luces dramáticas, nutrió la estética de su cine y encontró en Frankenstein un terreno fértil.

La película se mueve entre la tradición gótica y la mirada íntima de un autor que rehúye los clichés del terror. Su criatura no camina entre gritos ni antorchas, sino entre silencios, lágrimas y una soledad que resuena en cada plano.


La vigencia de un mito eterno

La novela publicada en 1818 por una joven Shelley de apenas 18 años ha tenido decenas de adaptaciones. La más recordada sigue siendo la de 1931, pero Del Toro propone una mirada diferente: la criatura ya no es el otro temible, sino un espejo.

En tiempos donde el aislamiento y la búsqueda de identidad atraviesan a las sociedades, Frankenstein reaparece como metáfora de un rechazo que duele más por venir de uno mismo que de los demás.


Del Toro y su romance con los monstruos

El cineasta mexicano ha hecho de los monstruos metáforas de ternura y resistencia. Así lo mostró en La forma del agua, que le valió el Óscar, y en Pinocho, aplaudida por su reinterpretación del clásico. Con Frankenstein, completa un círculo vital en el que confirma que los monstruos son, en realidad, los más humanos de todos los personajes.


¿Un León de Oro en el horizonte?

La crítica internacional ya anticipa que la película será una de las grandes contendientes en esta edición del festival. Más allá del premio, la ovación tras la proyección dejó claro que Del Toro ha tocado fibras profundas en el público de Venecia.

El monstruo favorito del director encontró su hogar en una sala de cine, entre lágrimas y aplausos. Quizá, como él mismo dice, “lo verdaderamente monstruoso no es ser diferente, sino vivir sin amor”.

Salir de la versión móvil