En 2007, Daniel Day-Lewis protagonizó Petróleo sangriento (There Will Be Blood), dirigida por Paul Thomas Anderson. Su interpretación de Daniel Plainview, un ambicioso buscador de petróleo a principios del siglo XX, es considerada una de las actuaciones más poderosas y complejas de la historia del cine. Este papel consolidó a Day-Lewis como un actor de leyenda, capaz de sumergirse en personajes con una intensidad casi inhumana.
Un personaje implacable y fascinante
Daniel Plainview es un hombre impulsado por una ambición desmedida, dispuesto a sacrificar todo —incluso su humanidad— por el poder y la riqueza que le brinda el petróleo. A través de cada escena, Day-Lewis construye un personaje que combina carisma, amenaza y vulnerabilidad, logrando que el espectador sienta una mezcla de fascinación y repulsión.
Plainview es un retrato despiadado del capitalismo salvaje, y la forma en que el actor encarna sus obsesiones y su progresiva caída en la locura es lo que convierte a esta interpretación en un hito cinematográfico.
Una preparación extrema: la obsesión de un actor de método
Fiel a su legendaria dedicación, Day-Lewis se preparó durante meses para el papel. Según reveló el director Paul Thomas Anderson, el actor se instaló en el set semanas antes de comenzar a rodar, aprendió sobre técnicas de perforación de pozos petroleros y estudió grabaciones de la época para recrear con precisión la voz y el acento de Plainview.
Inspirándose en el actor John Huston, Day-Lewis desarrolló un tono grave, pausado y autoritario que resultó tan inquietante como magnético. Además, el actor se mantuvo en personaje durante todo el rodaje, dentro y fuera de las cámaras, algo característico de su intenso método de trabajo.
Escenas memorables: el duelo actoral que hizo historia
Entre los momentos más recordados de la película está la escena en la que Daniel Plainview enfrenta a Eli Sunday, interpretado por Paul Dano, durante el bautismo en la iglesia. En este duelo actoral, la ira contenida de Day-Lewis explota en una interpretación brutal que muestra la complejidad emocional y el desprecio absoluto de su personaje.
Otra escena icónica es el clímax en la bolera, donde Plainview grita la famosa frase “I drink your milkshake!”, convirtiéndola instantáneamente en una línea célebre del cine. La intensidad y la locura que transmite Day-Lewis en esos minutos finales encapsulan el descenso definitivo de Plainview hacia la paranoia y la soledad.
Premios y reconocimientos: un Oscar indiscutido
Por su interpretación, Daniel Day-Lewis ganó el Oscar a Mejor Actor, además de un Globo de Oro, un BAFTA y decenas de premios internacionales. La crítica especializada coincidió en que su actuación no solo dominó la película, sino que redefinió lo que significa el compromiso absoluto con un papel.
La revista Empire la nombró una de las mejores actuaciones del siglo XXI, y muchos críticos señalan que es un referente obligatorio para actores que buscan comprender la profundidad y el riesgo emocional que puede implicar un papel.
El legado de un papel monumental
El trabajo de Day-Lewis en Petróleo sangriento influyó en el cine contemporáneo al mostrar que un personaje complejo, oscuro y moralmente ambiguo puede ser el alma de una gran película. Su Daniel Plainview se convirtió en un símbolo del capitalismo despiadado, una figura que sigue siendo analizada en universidades y cineclubs como ejemplo de construcción de personajes.
Además, la interpretación elevó la carrera de Paul Thomas Anderson, confirmándolo como uno de los grandes directores de su generación, y contribuyó a que Petróleo sangriento se convirtiera en un clásico moderno.
Un personaje para la eternidad
La interpretación de Daniel Day-Lewis como Daniel Plainview en Petróleo sangriento es un testamento al poder del cine cuando se combina un guion brillante con un actor capaz de entregarse por completo. Con un personaje que encarna la codicia, la soledad y la obsesión, Day-Lewis no solo ganó un Oscar: creó un mito cinematográfico que sigue asombrando y enseñando a nuevas generaciones de cinéfilos y actores.
