Perihelio es un evento astronómico crucial que ocurre anualmente, marcando el punto de mayor proximidad de la Tierra respecto al Sol en su órbita elíptica. Este fenómeno tiene efectos sutiles pero medibles en nuestro planeta.
A comienzos de cada año, la Tierra alcanza silenciosamente un punto clave de su trayectoria alrededor del Sol.
Se trata del perihelio, el momento en el que nuestro planeta se encuentra a la menor distancia posible de la estrella que domina el sistema solar. En 2026, este evento astronómico tuvo lugar el 3 de enero, aproximadamente dos semanas después del solsticio de diciembre, como parte de un ciclo que se repite anualmente con ligeras variaciones.
Aunque pueda resultar contraintuitivo, el perihelio ocurre cuando gran parte del hemisferio norte atraviesa el invierno. Esta aparente contradicción suele generar confusión, pero es clave para entender la órbita de nuestro planeta.
La órbita terrestre: elipse en lugar de círculo
Para comprender el perihelio, es esencial entender la geometría de la órbita de la Tierra. A diferencia de lo que muchos podrían pensar, la trayectoria de nuestro planeta alrededor del Sol no es un círculo perfecto.
La órbita es, de hecho, una elipse en la que el Sol se encuentra ligeramente desplazado del centro. Debido a esta forma elíptica, la distancia entre la Tierra y el Sol varía continuamente a lo largo del año.
El perihelio es el punto de esa órbita en el que la Tierra está más cerca del Sol, mientras que el afelio corresponde al momento en que se encuentra más alejada, un evento que suele ocurrir en julio.
Esta diferencia es la clave para entender por qué el concepto genera confusión al relacionarlo con las estaciones. Durante el perihelio, la distancia entre la Tierra y el Sol es de aproximadamente 147 millones de kilómetros, frente a los cerca de 151 millones de kilómetros que se registran durante el afelio.
Aunque esta diferencia de unos cuatro millones de kilómetros es considerable, es relativamente pequeña a escala astronómica y no produce cambios visibles a simple vista en el tamaño aparente del Sol en el cielo.
La fecha exacta del perihelio puede variar ligeramente de un año a otro. Esto se debe a la interacción gravitatoria con otros cuerpos del sistema solar, en especial la Luna y Júpiter, así como a la falta de sincronía perfecta entre el calendario gregoriano y la órbita terrestre.
Cómo impacta el perihelio en la temperatura y las estaciones
Contrario a la creencia popular, la distancia entre la Tierra y el Sol no es el factor principal que determina las estaciones del año.
La razón fundamental de los cambios estacionales es la inclinación del eje terrestre, que es de aproximadamente $23.5^{\circ}$. Esta inclinación provoca que cada hemisferio reciba distinta cantidad de luz solar directa a lo largo del año, lo que explica los cambios estacionales que experimentamos.
Sin embargo, el perihelio sí tiene efectos físicos medibles, aunque su impacto en la vida cotidiana del hemisferio norte en invierno es limitado.
Al estar más cerca del Sol, la Tierra recibe alrededor de un siete por ciento más de energía solar que durante el afelio. Esta diferencia afecta principalmente al hemisferio sur, que se encuentra inclinado hacia el Sol en enero.
Esto se traduce en que sus veranos son ligeramente más intensos o cálidos que los veranos del hemisferio norte. Por lo tanto, el hemisferio sur experimenta su máxima intensidad solar cuando estamos en el punto de mayor cercanía.

Aumento de velocidad y la segunda ley de kepler
Otro efecto relevante del perihelio es el aumento de la velocidad orbital de nuestro planeta. Conforme la Tierra se aproxima al Sol, se desplaza más rápido, un fenómeno descrito por la segunda ley de Kepler. Esta ley postula que la línea que conecta un planeta con el Sol barre áreas iguales en tiempos iguales.
En términos sencillos, el planeta debe acelerar su velocidad cuando está cerca del Sol para cumplir con esta regla.
Esta aceleración provoca que las estaciones cercanas al perihelio sean ligeramente más cortas. Esto se traduce en inviernos un poco más breves en el hemisferio norte y veranos ligeramente más largos en el hemisferio sur. Este fenómeno es un recordatorio de la compleja y precisa mecánica celeste que rige nuestro sistema solar. Entender el perihelio es comprender una parte vital de nuestro ciclo cósmico.
Finalmente, en escalas de tiempo mucho más largas, los cambios en la forma de la órbita terrestre —es decir, la variación en la excentricidad de la elipse, lo que modifica la distancia del perihelio y afelio— influyen en el clima global.
Estas variaciones, conocidas como los ciclos de Milankovitch, han sido clave para explicar las glaciaciones y los cambios climáticos que ha experimentado la Tierra a lo largo de su historia.