Un cambio en la dieta vegetal fue clave en la evolución de los homínidos, revela estudio

Un nuevo estudio publicado en la revista Science aporta evidencia fósil de que los homínidos adoptaron dietas basadas en plantas herbáceas antes de contar con la dentadura adecuada para procesarlas. Este hallazgo representa uno de los primeros indicios del llamado “impulso conductual”, es decir, cuando un comportamiento beneficioso para la supervivencia aparece antes que la adaptación biológica correspondiente.

Según los investigadores del Dartmouth College, esta transición en la alimentación fue un punto crucial en la trayectoria evolutiva de los homínidos, demostrando que el comportamiento humano temprano pudo haber sido un motor de cambio evolutivo, más allá de las adaptaciones físicas tradicionales.

Un nuevo menú en la sabana africana

Con la expansión de los primeros homínidos desde los bosques africanos hacia entornos de sabana, la necesidad de fuentes energéticas accesibles los llevó a incorporar plantas herbáceas ricas en carbohidratos. En particular, comenzaron a consumir gramíneas —como juncos y pastos—, así como órganos subterráneos vegetales como bulbos, cormos y raíces.

Los investigadores encontraron que estos alimentos comenzaron a formar parte de la dieta de los homínidos entre 3.4 y 4.8 millones de años atrás, mucho antes de que sus molares se adaptaran físicamente para masticar estos tejidos vegetales duros.

Evidencia en los dientes fosilizados

El equipo científico analizó los isótopos de carbono y oxígeno presentes en dientes fosilizados de diversas especies de homínidos, incluyendo Australopithecus afarensis, así como de primates contemporáneos ya extintos como los teropíteos (similares a los babuinos) y los colobinos (pequeños primates comedores de hojas).

Los resultados mostraron que, durante milenios, estas especies compartieron una dieta centrada en pastos, flores e insectos. Sin embargo, hace unos 2.3 millones de años, los isótopos hallados en los dientes del Homo rudolfensis reflejan un cambio abrupto: menos consumo de pastos y mayor ingesta de alimentos ricos en agua con bajo contenido de oxígeno.

Esto indicaría un giro hacia los órganos subterráneos de las plantas, los cuales, además de almacenar agua, contienen grandes reservas de carbohidratos.

Dieta adaptativa y desarrollo del cerebro

La hipótesis planteada por los autores sugiere que este cambio dietético no solo fue clave para la supervivencia, sino también para el desarrollo cognitivo. Estos tejidos subterráneos ofrecían una fuente segura, abundante y energética, ideal para sostener el crecimiento del cerebro de los primeros humanos.

Además, con la aparición de herramientas de piedra, los homínidos podían extraer fácilmente estos alimentos sin necesidad de competir con otros animales por los mismos recursos.

“Proponemos que este cambio hacia los alimentos subterráneos fue un momento clave en nuestra evolución”, afirma Luke Fannin, investigador posdoctoral en Dartmouth y autor principal del estudio.

Una nueva visión sobre la evolución humana

Este estudio ofrece una perspectiva innovadora sobre cómo los comportamientos proactivos —como la elección de nuevos alimentos— pueden influir directamente en la evolución morfológica de una especie.

Lejos de ser meros receptores pasivos del cambio evolutivo, los homínidos fueron agentes de su propia transformación, tomando decisiones que eventualmente moldearon su biología.

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