¿Por qué bostezamos? La ciencia detrás de este gesto

¿Por qué bostezamos? La ciencia detrás de este gesto
¿Por qué bostezamos? La ciencia detrás de este gesto

Todos lo hacemos, pero casi nadie sabe por qué. Te explicamos el secreto del bostezo y por qué no puedes evitarlo cuando ves a alguien más hacerlo.

Es uno de los gestos más universales y misteriosos que compartimos. Lo haces cuando estás cansado, aburrido o incluso antes de un evento importante. Durante años, la creencia popular ha sido que bostezamos para llevar más oxígeno al cerebro, pero la ciencia moderna ha demostrado que esa idea es un mito. Las verdaderas razones son mucho más fascinantes y revelan una conexión increíble entre la fisiología y la psicología social.

No es aburrimiento, es termorregulación

La teoría principal, propuesta por el psicólogo Andrew Gallup, sugiere que el bostezo es el sistema de refrigeración de tu cerebro. Piensa en tu cerebro como un ordenador de alto rendimiento: cuando trabaja mucho (o incluso cuando está inactivo y la temperatura sube), necesita enfriarse para funcionar de manera óptima.

El proceso es ingenioso: al bostezar, realizas una inhalación profunda de aire más fresco del ambiente. Al mismo tiempo, el estiramiento masivo de los músculos de la mandíbula aumenta el flujo sanguíneo hacia el cráneo. Esta combinación enfría la sangre antes de que llegue al cerebro, actuando como un radiador que disipa el calor y mantiene tu «procesador» a la temperatura ideal.

La prueba más contundente de esta teoría es el fenómeno de la «ventana térmica». Un estudio demostró que la gente bosteza más cuando la temperatura ambiente es moderada, alrededor de 20 °C. Si hace mucho calor (cerca de la temperatura corporal), el aire no puede enfriar la sangre, por lo que bostezar es inútil. Si hace mucho frío, un golpe de aire helado sería perjudicial. Por lo tanto, solo bostezamos cuando es térmicamente beneficioso.

¿Por qué es tan contagioso? La culpa es de tus «neuronas espejo»

Aquí es donde la historia se pone aún más interesante. La razón por la que no puedes evitar bostezar después de ver a alguien hacerlo está ligada a la empatía y a unas células cerebrales especiales llamadas neuronas espejo.

Estas neuronas se activan tanto cuando realizamos una acción como cuando observamos a otra persona realizarla. Son la base de la imitación, el aprendizaje social y, fundamentalmente, de la capacidad de «sentir» lo que otros sienten. Cuando ves a alguien bostezar, tus neuronas espejo simulan esa acción en tu cerebro, lo que a menudo desencadena un bostezo real en ti.

Este fenómeno, conocido como «contagio emocional», no es una simple imitación, sino una forma de sincronización social inconsciente que fortalece los vínculos del grupo. Es tan poderoso que los estudios han demostrado que los perros son más propensos a contagiarse del bostezo de sus dueños que del de un extraño, y los chimpancés lo hacen más con individuos familiares, lo que subraya la conexión con la empatía y la cercanía emocional.

Así que la próxima vez que te contagies de un bostezo, no lo veas como una señal de cansancio, sino como una prueba de que tu cerebro está conectado social y empáticamente con los demás.

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