NISQ y sus primeras aplicaciones reales
En 2025, estamos inmersos en la era NISQ (Noisy Intermediate-Scale Quantum), donde los dispositivos cuánticos operan con decenas a cientos de qubits, aunque todavía presentan errores y limitaciones técnicas. Sin embargo, ya existen aplicaciones en desarrollo que podrían dar lugar al anhelado quantum advantage: el momento en que una computadora cuántica realice una tarea práctica mejor que cualquier supercomputadora clásica.
En campos como la simulación molecular, empresas como BASF y Roche están explorando el uso de algoritmos cuánticos para modelar reacciones químicas complejas que podrían revolucionar la química farmacéutica. En logística, aerolíneas y cadenas de suministro trabajan con startups cuánticas para optimizar rutas y recursos. Y en finanzas, bancos como JPMorgan Chase prueban algoritmos cuánticos para simulaciones de riesgo.
Aunque estas soluciones todavía dependen de la hibridación con sistemas clásicos, representan el primer paso hacia ventajas concretas, con datos reales y prototipos funcionales.
Inversión pública y privada
El avance cuántico ha generado una carrera global. Países como Estados Unidos, China, Alemania y Canadá están invirtiendo miles de millones en investigación, educación y fabricación de hardware cuántico. En el sector privado, gigantes como Google, IBM, Microsoft, Amazon Braket e Intel lideran desarrollos en distintas arquitecturas: superconductores, átomos neutros, iones atrapados y puntos cuánticos.
En 2025, destaca la adquisición de IonQ por parte de Oxford Ionics, fusión que podría acelerar la fabricación de qubits escalables y estables. Al mismo tiempo, empresas emergentes como PsiQuantum y Quantinuum afirman estar cerca de los 1.000 qubits funcionales con tolerancia a errores.
Estas inversiones también están impulsando alianzas entre universidades y centros tecnológicos para formar talento especializado y generar propiedad intelectual estratégica en una tecnología considerada clave para la seguridad y la soberanía tecnológica.
Obstáculos tecnológicos
A pesar del entusiasmo, el camino hacia el quantum advantage generalizado sigue lleno de desafíos. El primero es la corrección de errores cuánticos: los qubits son extremadamente sensibles a su entorno, lo que genera fluctuaciones que corrompen los datos.
Para superar esto, se están desarrollando códigos de corrección de errores y qubits lógicos, pero requieren una cantidad mucho mayor de qubits físicos, lo que aún limita su viabilidad. Además, la fabricación de dispositivos cuánticos sigue siendo costosa y altamente especializada, con pocos centros capaces de producirlos a gran escala.
Otro reto es la desarrollo de software y algoritmos. A diferencia de la computación clásica, la programación cuántica exige nuevas lógicas, herramientas y lenguajes como Qiskit, Cirq o Q#, lo que plantea una curva de aprendizaje significativa para desarrolladores.
Estamos cada vez más cerca del momento en que una computadora cuántica no solo supere a una clásica en una tarea específica, sino que ofrezca ventajas reales, reproducibles y accesibles para la industria y la ciencia. Aunque el quantum advantage a gran escala aún no ha llegado, el panorama de 2025 muestra avances consistentes en hardware, software y aplicaciones concretas.
El camino no está libre de obstáculos, pero el compromiso global de gobiernos, universidades y empresas tecnológicas parece imparable. En esta década, la computación cuántica podría dejar de ser una promesa para convertirse en una herramienta transformadora, y estar preparados para ese cambio será clave para los países que aspiren a liderar el futuro digital.
