Los centros de datos espaciales dejaron de ser un experimento futurista para convertirse en una carrera tecnológica real. Y en el centro de esa historia está Aetherflux, una startup que asegura que, en menos de tres años, tendrá funcionando el primer nodo computacional en órbita. Lo que comenzó como una idea teórica —usar el espacio como la siguiente gran infraestructura digital— ahora tiene fecha, plan, competencia y millones en inversión.
En el primer trimestre de 2027, el proyecto Galactic Brain promete inaugurar una nueva generación de cómputo: satélites que operan de día y noche alimentados por energía solar continua, lejos de los límites físicos, ambientales y eléctricos que hoy frenan el crecimiento terrestre.
La visión que impulsa la carrera al espacio
Baiju Bhatt, fundador de Aetherflux y cofundador de Robinhood, lo explica sin rodeos:
“La carrera hacia la inteligencia artificial es una carrera por energía”.
Y esa frase, tan directa como radical, es la base de todo el proyecto.
Los centros de datos en la Tierra enfrentan una barrera creciente: no hay suficiente electricidad. En Estados Unidos, Europa y Asia, decenas de proyectos se han detenido por falta de capacidad energética o por protestas que señalan el enorme consumo y la presión sobre los recursos naturales.
Ahí es donde los centros de datos espaciales entran en escena.
Aetherflux plantea una infraestructura que funcione en órbita baja, donde la radiación solar está disponible casi todo el tiempo y la refrigeración no requiere ni agua ni gigantescos sistemas de aire.
Cómo funcionará la constelación Galactic Brain
Aetherflux no planea un satélite aislado, sino una constelación completa capaz de computar, almacenar datos y transmitir energía a la Tierra mediante láseres infrarrojos. Cada satélite:
- opera con luz solar continua
- evita la dependencia de redes eléctricas terrestres
- utiliza sistemas térmicos avanzados sin necesidad de agua
- mantiene cargas de IA localmente para reducir latencia
En pocas palabras: un centro de datos flotando sobre el planeta, libre de apagones, regulaciones locales y límites energéticos.
A mitad de esta historia, vuelve a tomar fuerza la palabra clave objetivo: los centros de datos espaciales ya no son un plan marginal, sino una respuesta al colapso energético de la infraestructura actual.
La competencia por conquistar la computación orbital
Aetherflux tiene rivales poderosos:
- Google presentó Suncatcher, su plan para chips de IA en órbita.
- Jeff Bezos predice centros de datos espaciales masivos en 10–20 años, con Blue Origin ya trabajando en ello.
- SpaceX explora capacidades de IA con Starlink y Musk asegura que la computación orbital será la vía “más barata” para escalar IA en menos de tres años.
Lo que hace unos años parecía un concepto aislado, ahora es una guerra abierta entre tecnológicas, startups y gigantes aeroespaciales. Quien controle la energía y la computación en órbita podría controlar el futuro de la IA.
Los obstáculos que aún deben superarse
Aunque el entusiasmo es alto, la realidad es dura:
- lanzar un kilogramo cuesta 1,400 dólares, incluso con el Falcon Heavy
- se requeriría bajar a 200 dólares/kg para 2030 para ser competitivo
- los chips deben resistir radiación extrema
- el tráfico orbital está saturado
- la vida útil de las GPUs en radiación podría ser de solo algunos años
Aun así, la urgencia global por energía y computación es tan grande que los riesgos ya no detienen a nadie.
La estrategia de Aetherflux hasta 2027
La empresa ya consiguió 60 millones de dólares y define un calendario agresivo:
- 2026 → demostrar transmisión láser de energía desde un satélite
- 2027 → lanzamiento del primer nodo de Galactic Brain
- lanzamientos simultáneos de 30 a 100 satélites dependiendo del cohete (Falcon 9 o Starship)
La estrategia es simple: lanzar hardware nuevo constantemente, degradar tareas en satélites antiguos y mantener siempre una capa de cómputo de alta gama funcionando.
El espacio como nuevo hogar de la IA
El movimiento de Aetherflux marca el inicio de una nueva etapa: la computación deja la Tierra para buscar en el espacio la energía que ya no puede encontrar aquí.
La promesa es clara: si los centros de datos espaciales funcionan en 2027, la carrera tecnológica cambiará para siempre.
Y así como comenzó esta historia, también termina con la misma idea que la impulsa: los centros de datos espaciales podrían convertirse en la infraestructura más importante del futuro digital.
