
Guerra de chips: Trump desata ofensiva arancelaria y exige fabricar en Estados Unidos
Con una determinación que recuerda sus primeras batallas comerciales contra China, el expresidente estadounidense Donald Trump volvió a encender los motores de la guerra tecnológica global. Desde el Salón Oval, anunció la imposición de un arancel del 100 por ciento a todos los semiconductores importados. El mensaje fue tan contundente como estratégico: quien quiera vender chips en Estados Unidos deberá producirlos en su territorio.
Frente a un reducido grupo de periodistas, Trump no dejó espacio para interpretaciones: “Arancel de 100 por ciento para todos los chips y semiconductores que entren en Estados Unidos. Pero si te has comprometido o estás en proceso de fabricar aquí, no hay arancel”. El anuncio, que se suma a su conocida agenda proteccionista, reabre una confrontación directa con los principales países productores de microchips, poniendo sobre la mesa miles de millones de dólares en comercio global.
Semiconductores: el corazón invisible de la economía digital
De los teléfonos móviles a los autos inteligentes, pasando por satélites, armas de precisión y electrodomésticos, los semiconductores son el núcleo silencioso de nuestra era tecnológica. En los últimos años, Estados Unidos ha perdido terreno frente a Asia —especialmente Taiwán, Corea del Sur y China— en la producción de estos componentes.
El nuevo movimiento arancelario busca cambiar esa realidad, obligando a gigantes del sector como TSMC, Samsung, Foxconn e Intel a acelerar sus inversiones dentro de suelo norteamericano.
Incentivar la fabricación nacional como prioridad estratégica
El mensaje también incluye una puerta abierta: aquellas empresas que ya hayan invertido o estén en proceso de construir fábricas en Estados Unidos, podrán seguir exportando sin pagar el arancel. Así, proyectos como la megafábrica de TSMC en Arizona o la expansión de Intel en Ohio se convierten en ejemplos del modelo que Trump quiere replicar.
Para el republicano, la producción doméstica de chips es parte de la seguridad nacional. Durante su intervención fue enfático al señalar que “ninguna potencia puede depender de enemigos o competidores estratégicos para sostener su tecnología”.
Asia, el primer damnificado: ¿Cómo reaccionarán Taiwán, Corea y China?
Los principales exportadores de chips a Estados Unidos son países asiáticos. El arancel del 100 por ciento duplicaría automáticamente el costo de los productos ingresados, obligando a fabricantes a decidir entre tres opciones:
- Absorber el costo, reduciendo márgenes de ganancia.
- Aumentar precios al consumidor final, generando inflación tecnológica.
- Mudarse a Estados Unidos, invirtiendo en plantas para evitar el impuesto.
China consideró el anuncio como “una escalada irracional que viola las normas del comercio internacional”, mientras Corea del Sur dijo que evaluará “acciones recíprocas si se afecta a las empresas coreanas”. Taiwán, clave en el suministro global, guardó silencio oficial, pero fuentes del sector estiman que la medida podría apresurar la relocalización de parte de su producción.
¿Un nuevo capítulo en la guerra comercial 2.0?
El anuncio se interpreta como pieza clave de la estrategia de Trump para regresar al poder con una narrativa de recuperación del liderazgo tecnológico. Para muchos analistas, más que un simple arancel, se trata de un mensaje de fuerza para controlar la cadena de suministro del siglo XXI.
Estados Unidos ha detectado que la escasez de chips, registrada durante la pandemia, paralizó sus fábricas automotrices, tecnológicas y militares. La solución, bajo la lógica trumpista, es cortar la dependencia externa y ofrecer terreno fértil a los fabricantes para regresar.
Impacto económico y reacción de Wall Street
Las acciones de empresas tecnológicas reaccionaron con volatilidad. Mientras Intel y Micron subieron ante la expectativa de ventajas competitivas locales, compañías como Nvidia y AMD, que dependen de cadenas de suministro asiáticas, mostraron pérdidas iniciales. Wall Street se prepara para acomodarse a un nuevo tablero donde la fabricación estadounidense dejará de ser una opción para convertirse en requisito.
¿Qué sigue para la industria global de semiconductores?
- Fabricantes internacionales deberán decidir si invierten en EE.UU. o pagan altos impuestos.
- Los costos de dispositivos electrónicos podrían aumentar en el corto plazo.
- La rivalidad tecnológica entre Estados Unidos y China se intensificará.
Al estilo Trump, el mensaje fue directo y sin matices: “Construyan aquí, o paguen el precio”. Una frase que podría redefinir la economía mundial de los próximos años.