El Paquete Económico 2026 trajo consigo un anuncio que sacudió al comercio internacional: México prepara un incremento de aranceles que, aunque en apariencia general, apunta directamente hacia China. Esta decisión marca un giro en la política comercial mexicana, que durante tres décadas evitó elevar tarifas, y despierta dudas sobre sus efectos en la economía nacional, la industria automotriz, el mercado laboral y, sobre todo, en el bolsillo de las familias.
México rompe con una estrategia de 30 años
Durante casi tres décadas, México se mantuvo como un país que no recurría al incremento de aranceles, apostando por la apertura y la diversificación comercial. Sin embargo, el planteamiento del gobierno federal busca cambiar ese rumbo al amparo de la cláusula de “nación más favorecida” de la Organización Mundial de Comercio (OMC). Aunque esta medida respeta las reglas internacionales, también significa un giro que puede alterar las cadenas de valor construidas con esfuerzo durante años.
China, el verdadero objetivo de los aranceles
Expertos señalan que, más allá de un incremento generalizado, la propuesta está claramente dirigida hacia China, tercer socio comercial de México en importaciones y octavo en exportaciones. El país asiático inunda el mercado mexicano con manufacturas clave: electrónicos, autopartes, telecomunicaciones, químicos, textiles y calzado. Su fuerza en autos eléctricos también genera tensiones con Estados Unidos, principal socio de México, que busca reducir la presencia china en la región bajo la presión política de Donald Trump y sus intereses de seguridad económica.
La presión de Estados Unidos en la estrategia mexicana
La relación México-Estados Unidos siempre ha marcado la ruta del comercio. Bajo la órbita de seguridad comercial estadounidense, México enfrenta una encrucijada: proteger industrias estratégicas de su principal socio o mantener el acceso a productos accesibles para millones de familias. El mensaje es claro: al elevar aranceles a China, se protege a las empresas norteamericanas, pero el costo lo asumirán los consumidores mexicanos que compran textiles, calzado o automóviles de origen chino.
Impacto en la industria automotriz mexicana
Uno de los sectores más golpeados por esta medida será el automotriz. Actualmente, al menos 15 modelos de vehículos importados de China circulan en México. Entre 2020 y 2024, los autos eléctricos chinos entraron libres de arancel, pero a partir de octubre de 2024 se aplicó una tarifa del 20%. Con el nuevo planteamiento, se avecina otra escalada que encarecerá tanto autos eléctricos como de combustión, afectando a empresas como General Motors, que ensamblan y exportan desde México hacia Estados Unidos.
El golpe silencioso al bolsillo de las familias
El especialista Ignacio Martínez Cortés advierte que el impacto no será solo macroeconómico. El verdadero costo se verá en los hogares que perciben uno o dos salarios mínimos. Productos básicos como ropa, textiles y calzado tendrán un alza inmediata, lo que representa un golpe directo a los sectores más vulnerables. Paradójicamente, mientras se protege a corporaciones extranjeras, las familias mexicanas deberán enfrentar precios más altos en bienes esenciales.
México entre tratados y compromisos internacionales
México cuenta con 44 tratados comerciales, incluyendo el CPTPP, que lo vincula con países como Vietnam, Malasia, Japón y Singapur. Sin embargo, la medida arancelaria no afectará a estas naciones, lo que confirma que el objetivo real es China. El riesgo está en que esta decisión altere cadenas de proveedores ya consolidadas y debilite la competitividad de México como hub manufacturero en América del Norte.
Una apuesta arriesgada con consecuencias a largo plazo
El incremento de aranceles no solo refleja un alineamiento con la presión estadounidense, sino también una apuesta arriesgada que podría fragmentar relaciones con uno de los gigantes económicos del mundo. Mientras tanto, México deberá equilibrar su papel como aliado estratégico de Estados Unidos y como nación que necesita importar productos accesibles para mantener estabilidad social. La pregunta es si este cambio en la política comercial será un paso hacia la protección nacional o una carga que recaerá en los bolsillos de millones de mexicanos.
