La presidenta Claudia Sheinbaum ha definido la prosperidad compartida como el principio rector de su proyecto económico: un crecimiento que mejore la calidad de vida de todas las personas, especialmente aquellas que históricamente han quedado excluidas.
Un pilar fundamental para alcanzar este objetivo es la inclusión financiera. Sin acceso a servicios como ahorro, crédito y seguros, las personas enfrentan grandes barreras para prosperar económicamente. En México, la exclusión financiera afecta a millones:
- Solo el 49% de los mayores de edad tiene una cuenta bancaria (ENIF, 2021).
- Dos de cada tres personas nunca han accedido a un crédito formal.
Este contexto evidencia la urgencia de diseñar políticas públicas que amplíen el acceso a servicios financieros y reduzcan las brechas sociales.
El problema estructural de la banca en México
El sistema financiero mexicano ha estado dominado históricamente por un pequeño grupo de bancos comerciales. Aunque existen más de 50 instituciones bancarias, cinco concentran más del 60% de los activos.
Esto ha resultado en:
- Alta concentración de mercado: Falta de competencia que mantiene costos altos y una oferta limitada.
- Exclusión geográfica: En zonas rurales, el acceso a sucursales bancarias puede implicar largos trayectos.
- Falta de inclusión: Los productos financieros tradicionales no siempre responden a las necesidades de sectores vulnerables.
Frente a este panorama, la innovación tecnológica emerge como una solución para democratizar el acceso financiero.
Neobancos y fintech: la revolución digital del sistema financiero
La llegada de neobancos y plataformas digitales de finanzas (fintech) está cambiando las reglas del juego. Estos actores ofrecen productos diseñados para las necesidades específicas de la población, como:
- Préstamos personales accesibles: Sin necesidad de desplazarse a una sucursal.
- Esquemas de ahorro flexibles: Con montos bajos y rendimientos justos.
- Pagos digitales: Que eliminan la necesidad de tener una cuenta bancaria.
- Tarjetas de crédito personalizadas: Acordes con la capacidad de pago de cada usuario.
La evidencia demuestra el impacto positivo de estas innovaciones:
- Antes de la entrada de las SOFIPO digitales, el promedio de nuevas tarjetas de crédito emitidas por la banca tradicional era de 39,961 por trimestre.
- Con la llegada de los nuevos jugadores digitales, este promedio aumentó a 1,085,230 tarjetas adicionales por trimestre entre 2021 y 2023.
Este aumento no solo amplía la oferta, sino que mejora términos y condiciones, generando una verdadera ganancia en bienestar social.
El reto: regulación eficiente y procesos de autorización ágiles
Para consolidar la inclusión financiera, es fundamental contar con un marco regulatorio ágil y adaptado a la innovación tecnológica. Esto implica:
- Simplificar los procesos de autorización para nuevos actores en el mercado financiero.
- Fortalecer la supervisión y regulación para garantizar la seguridad y confianza de los usuarios.
- Reducir costos regulatorios que puedan desincentivar la entrada de nuevos jugadores.
La implementación de estas medidas permitirá que la inclusión financiera no sea solo un ideal, sino una realidad tangible para millones de mexicanos.
Prosperidad compartida: un futuro posible
La inclusión financiera no es solo una herramienta económica, sino un instrumento de justicia social. Ampliar el acceso a servicios financieros impulsa el desarrollo individual y colectivo, contribuyendo a cerrar las brechas de desigualdad.
El enfoque de Sheinbaum en la prosperidad compartida tiene el potencial de transformar la economía mexicana, siempre y cuando se implementen políticas públicas eficaces y se fomente una competencia sana en el sistema financiero.
Innovación y políticas inclusivas para un México más equitativo
La estrategia económica de Claudia Sheinbaum, basada en la prosperidad compartida, reconoce que la inclusión financiera es clave para el desarrollo sostenible. Con una regulación adecuada y un compromiso con la innovación, México puede convertirse en un referente de cómo la tecnología y la política pública pueden unirse para mejorar la vida de todas las personas.
El desafío es grande, pero la oportunidad de construir un sistema financiero más justo y accesible es histórica.
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