Fuerza laboral de EE. UU. pierde 1.2 millones de migrantes por deportaciones

Fuerza laboral de EE. UU. pierde 1.2 millones de migrantes por deportaciones
La mano dura contra la inmigración impacta en sectores clave como la agricultura y la construcción


La fuerza laboral de Estados Unidos enfrenta una transformación significativa: entre enero y julio, se estima que más de 1.2 millones de inmigrantes desaparecieron del mercado laboral. Este fenómeno, vinculado a las deportaciones masivas impulsadas por el presidente Donald Trump, plantea un desafío económico y social de gran alcance, especialmente en sectores que dependen de la mano de obra migrante.

Los inmigrantes y su peso en la economía de EE. UU.

Los inmigrantes representan casi 20% de la fuerza laboral estadounidense, de acuerdo con datos del censo analizados por el Pew Research Center. Su presencia es esencial en áreas como agricultura, pesca, silvicultura, construcción y servicios, donde su participación ha sido históricamente determinante.

Sin embargo, las políticas de deportación y las redadas organizadas por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) han reducido de forma visible la cantidad de trabajadores extranjeros, tanto con estatus legal como sin él. Aunque resulta difícil medir con exactitud cuántos salieron por expulsiones directas o de manera voluntaria, la Oficina de Estadísticas Laborales confirma la caída de 1.2 millones de migrantes en el primer semestre del año.

Impacto en la agricultura: cosechas en riesgo

El sector agrícola es uno de los más golpeados. Cifras del Pew Research Center señalan que cerca del 45% de los inmigrantes trabajan en agricultura, pesca o silvicultura. La falta de trabajadores ha provocado que varias cosechas se pierdan.

Elizabeth Rodriguez, directora de defensa de los trabajadores agrícolas del Ministerio Nacional de Trabajadores Agrícolas, declaró que muchas cosechas de melón y sandía se echaron a perder en mayo debido a la escasez de jornaleros. Además, aseguró que las redadas de ICE en granjas y talleres mecánicos han generado temor, desalentando la contratación y permanencia de más trabajadores.

Este vacío laboral no solo afecta a los productores, sino también a la cadena de suministro de alimentos, que podría enfrentar alzas de precios y menor competitividad en el mercado internacional.

La construcción, otro sector vulnerable

Además de la agricultura, el sector de la construcción también se encuentra en una posición crítica. Aproximadamente 30% de los obreros de la construcción en Estados Unidos son inmigrantes, y su ausencia comienza a generar retrasos en proyectos y encarecimiento de la mano de obra disponible.

El déficit de trabajadores amenaza con ralentizar la industria inmobiliaria y de infraestructura, sectores estratégicos para la economía estadounidense. Al reducirse la mano de obra migrante, las empresas enfrentan dificultades para cumplir plazos y costos, lo que podría frenar el dinamismo económico en ciudades con alta demanda de vivienda.

La narrativa política y la realidad laboral

Durante su campaña y gestión, Trump ha insistido en que los inmigrantes indocumentados “quitan” empleos a los ciudadanos estadounidenses. La Casa Blanca, a través de la portavoz Abigail Jackson, reiteró que “no hay escasez de mentes y manos estadounidenses” para ocupar esos puestos.

Sin embargo, analistas señalan que la realidad es más compleja. Muchos estadounidenses no están dispuestos a desempeñar labores pesadas, temporales o mal remuneradas, como las que predominan en los campos agrícolas y en las obras de construcción. En consecuencia, la reducción de trabajadores migrantes no necesariamente implica más empleo para los locales, sino déficit de productividad y pérdidas económicas.

Consecuencias sociales y económicas

La disminución de la población inmigrante no solo tiene efectos en la productividad. También impacta en comunidades locales que dependen del consumo y las remesas generadas por los migrantes. A nivel macroeconómico, la reducción de la fuerza laboral podría presionar la inflación en alimentos y vivienda, además de generar incertidumbre en sectores dependientes de mano de obra intensiva.

En paralelo, las políticas de deportación podrían provocar que más migrantes opten por la informalidad o se trasladen a otros países, debilitando la capacidad de Estados Unidos para mantener su competitividad global en rubros que requieren gran cantidad de trabajadores.

Un reto para el futuro

La salida de más de 1.2 millones de inmigrantes de la fuerza laboral de EE. UU. abre un debate sobre el equilibrio entre seguridad fronteriza y estabilidad económica. Aunque la administración Trump insiste en que su objetivo es proteger empleos para los ciudadanos, los datos sugieren que la deportación masiva genera vacíos difíciles de llenar.

El futuro de sectores clave como la agricultura y la construcción dependerá de si el país logra replantear sus políticas migratorias o si, por el contrario, mantiene un rumbo que podría derivar en escasez de trabajadores, alzas de precios y pérdida de competitividad frente a otras economías.


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