Ir al supermercado parece una tarea cotidiana, pero en realidad puede convertirse en una de las principales fugas de dinero del mes. Entre compras impulsivas, promociones engañosas y la inflación, muchas personas terminan gastando mucho más de lo planeado. Por ello, la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef) recomienda aplicar técnicas sencillas de educación financiera para proteger el bolsillo.
En un entorno donde la canasta básica ha subido de precio y el poder adquisitivo se ha debilitado, planear la despensa dejó de ser un buen hábito para convertirse en una necesidad.
Inflación frente a la canasta básica
De acuerdo con el académico César Salazar, del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, las familias mexicanas habían perdido más del 15% de su poder adquisitivo debido a la inflación. Esto significa que con el mismo dinero hoy se compran menos productos que hace algunos años.
Por ejemplo, antes con 100 pesos podía adquirirse un kilo de carne; hoy esa cantidad apenas alcanza para una porción menor. La frase viral “Así se ven 500 pesos de mandado” refleja justamente esa realidad.
¿Por qué gastamos más dinero al hacer la despensa?
Una de las principales razones es la falta de planeación del dinero. Cuando no existe una lista clara, es común comprar productos que ya se tienen en casa o caer en antojos innecesarios. También ocurre que muchos alimentos terminan caducando por mala organización, lo que representa dinero literalmente tirado a la basura.
A esto se suma el impacto de las redes sociales. La tendencia de organizar la despensa en frascos de vidrio y contenedores estéticos puede parecer funcional, pero también implica gastos adicionales que no siempre son prioritarios. Diversos estudios han mostrado que las decisiones de compra, especialmente entre jóvenes, están influenciadas por recomendaciones digitales, lo que incrementa el consumo impulsivo.

Técnicas de Condusef para hacer rendir el dinero en el supermercado
La Condusef recomienda establecer un presupuesto fijo para la despensa, igual que se hace con la renta o los servicios. Definir un monto semanal o mensual ayuda a evitar excesos y da claridad sobre cuánto se puede gastar sin afectar otras obligaciones.
También es fundamental planear un menú semanal antes de acudir al supermercado. Revisar la alacena y el refrigerador permite evitar compras duplicadas. Incluir un pequeño gusto dentro del presupuesto puede prevenir compras impulsivas mayores, ya que se trata de una decisión consciente y no emocional.
Comparar precios es otra estrategia. Hoy es posible revisar promociones en línea sin recorrer físicamente varias tiendas. Mercados locales, tianguis y marcas genéricas pueden representar ahorros importantes a lo largo del mes.
Un consejo sencillo pero efectivo es no acudir al supermercado con hambre. Diversos estudios de comportamiento del consumidor muestran que cuando se tiene apetito se tiende a agregar más productos innecesarios al carrito, especialmente botanas y alimentos procesados.
Finalmente, analizar cuidadosamente las ofertas evita caer en falsas promociones. Comprar tres productos por el precio de uno solo es conveniente únicamente si realmente se consumirán antes de su fecha de caducidad. De lo contrario, el supuesto ahorro se convierte en desperdicio.
No basta con comprar mejor; también es necesario almacenar adecuadamente los productos. Carnes, lácteos y verduras requieren condiciones específicas de refrigeración. Una mala conservación reduce su vida útil y obliga a realizar compras anticipadas que no estaban previstas en el presupuesto.
Optimizar la duración de los alimentos es una forma silenciosa pero poderosa de ahorrar.
¿Cómo hacer un presupuesto que sí funcione en 2026?
La educación financiera no termina en el supermercado. Según datos oficiales, solo dos de cada diez mexicanos llevan un registro formal de sus ingresos y gastos, lo que incrementa el riesgo de sobreendeudamiento y estrés financiero.
Un presupuesto es simplemente un registro claro de todo el dinero que entra y sale. Incluye ingresos fijos como salario y variables como comisiones, así como gastos esenciales y no esenciales. Su objetivo no es restringir, sino dar claridad.
Implementarlo puede ser tan sencillo como usar una libreta, una hoja de cálculo o una aplicación móvil. Lo importante es anotar absolutamente todo, incluso los llamados “gastos hormiga”, que al final del mes pueden representar una suma considerable.
Clasificar los gastos permite detectar áreas de oportunidad. Cancelar suscripciones que no se usan, reducir antojos diarios o planear mejor las compras puede liberar una cantidad significativa de dinero. Con disciplina, es posible aspirar a ahorrar hasta el 20% de los ingresos de manera constante.
El reto de los primeros 60 días
Al inicio, llevar un control financiero puede parecer incómodo. Sin embargo, después de dos meses suele convertirse en hábito. Los resultados se reflejan en mayor tranquilidad, menos sobresaltos y la posibilidad real de construir ahorro.
Hacer rendir el dinero en el súper no depende únicamente de encontrar precios bajos. Se trata de planear, comparar, consumir con conciencia y mantener un presupuesto activo. En un contexto económico desafiante, cada decisión en el carrito cuenta y puede marcar la diferencia entre llegar justo a fin de mes o comenzar a construir estabilidad financiera.