No era solo una final de Wimbledon. Era un choque de narrativas: la número uno del mundo, Iga Świątek, buscando conquistar la única superficie que se le resiste, contra la increíble historia de redención de Amanda Anisimova, de vuelta de un abismo personal.
Un escenario inesperado: La octava campeona inédita
El césped sagrado de Wimbledon se preparó para una final femenina que garantizaba una historia memorable. Por octavo año consecutivo, el torneo coronaría a una campeona primeriza, un testimonio de la volatilidad y la profundidad del tenis femenino actual. En una esquina, Iga Świątek, la polaca de 24 años, cinco veces campeona de Grand Slam y dominadora del circuito, llegaba con la misión de validar su estatus de número uno en la hierba, la superficie que históricamente más le ha costado.
En la otra, Amanda Anisimova, la estadounidense de 23 años, protagonista de una de las historias de regreso más conmovedoras del deporte. Su viaje a la final, que incluyó una sorprendente victoria en semifinales sobre la favorita Aryna Sabalenka, era la culminación de un arduo camino de vuelta tras un parón de ocho meses por salud mental que la hizo caer fuera del top 400 del ranking.
«Si me hubieras dicho que estaría en la final de Wimbledon, no te habría creído. Es indescriptible, para ser honesta», confesó Anisimova, cuya historia de superación se convirtió en el corazón emocional del torneo.
El Camino a la Gloria: Dominio vs. Resiliencia
Las dos finalistas llegaron al último sábado por caminos muy diferentes, aunque nunca se habían enfrentado en el circuito profesional.
- Iga Świątek (La Conquistadora): La polaca aterrizó en la final demostrando una adaptación formidable a la hierba. Tras alcanzar la final en el torneo previo de Bad Homburg, navegó por el cuadro de Wimbledon con una autoridad silenciosa pero implacable, cediendo un solo set en todo el torneo. Su demolición de la campeona olímpica Belinda Bencic en semifinales por 6-2, 6-0 fue una declaración de intenciones: su juego ya no tiene fisuras en ninguna superficie. Su récord perfecto en finales de Grand Slam (5-0) añadía un aura de invencibilidad.
- Amanda Anisimova (La Redimida): Su recorrido fue una prueba constante de resiliencia. Tras la trágica pérdida de su padre y entrenador en 2019, Anisimova tomó la valiente decisión de priorizar su bienestar mental en 2023. Su regreso ha sido espectacular, ganando el Abierto de Qatar y alcanzando la final en Queen’s Club. En Wimbledon, superó batallas a tres sets contra jugadoras de la talla de Linda Noskova y, finalmente, contra la poderosa Sabalenka, demostrando una fortaleza mental a prueba de todo. Su actuación le garantizó un lugar en el top 10 por primera vez en su carrera.
El Veredicto del Juez: El Triunfo del Tenis y del Espíritu Humano
Esta final trascendió el resultado. Fue una celebración del deporte en su máxima expresión. Por un lado, la excelencia atlética y la búsqueda incesante de la perfección de Iga Świątek. Por otro, la fuerza del espíritu humano y la capacidad de sobreponerse a la adversidad de Amanda Anisimova.
Aunque nunca se habían enfrentado como profesionales, un dato del pasado añadía picante: jugaron una vez como júniors, y Świątek ganó. «Recuerdo que muchos entrenadores decían que ella iba a ser grande algún día. Obviamente, tenían razón», rememoró Anisimova.
El veredicto de Sport Judge es que, independientemente de quién levantara el Venus Rosewater Dish, en esta final ganaron ambas. Świątek demostró que su reinado es total y en todas las superficies. Anisimova envió un mensaje poderoso al mundo: es posible priorizar la salud mental, alejarse del abismo y volver a la cima. Su viaje es una victoria que inspira mucho más allá de las líneas de una pista de tenis.
