La revancha inesperada en Nueva York
En el vibrante estadio Arthur Ashe, Amanda Anisimova escribió una de las historias más sorprendentes de la temporada de tenis. Apenas dos meses después de sufrir una dolorosa derrota ante Iga Swiatek en la final de Wimbledon por un doble 6-0, la estadounidense encontró la manera de reinventarse y vencer a la número dos del mundo con un sólido 6-4, 6-3 en los cuartos de final del US Open.
De las lágrimas en Wimbledon a la sonrisa en el US Open
El contraste no pudo ser mayor. En Londres, Anisimova apenas logró 24 puntos en un partido que duró 57 minutos, con lágrimas al recibir el trofeo de subcampeona. En Nueva York, sin embargo, la escena fue distinta: sonrisas, vítores del público y la emoción de saberse semifinalista de un Grand Slam por tercera vez, pero la primera en Flushing Meadows, el torneo de casa para una jugadora nacida en Nueva Jersey y criada en Florida.
La fuerza de una recuperación
Anisimova, cabeza de serie número 8, confesó tras el partido que el triunfo tuvo un sabor especial. “Volver de Wimbledon así es realmente especial para mí. Siento que trabajé muy duro para intentar recuperarme de aquello… Hoy es realmente especial”. Con golpes potentes y una calma que no había mostrado en Londres, Amanda demostró que el tenis también es un deporte de resiliencia y que la revancha puede ser la chispa de una nueva etapa.
El valor de enfrentarse a las grandes
Swiatek, seis veces campeona de Grand Slam, llegó a este partido como favorita indiscutible. Sin embargo, Anisimova supo imponer su ritmo desde el inicio, arrancando con seguridad y confianza en su servicio. “Es una de las jugadoras más duras con las que me he enfrentado. Sabía que iba a tener que esforzarme al máximo”, declaró la estadounidense. Esa actitud le permitió cambiar la narrativa: del dolor de Wimbledon al orgullo de Flushing Meadows.
La magia de Flushing Meadows
Para Amanda, jugar en Nueva York es algo distinto. “Aquí he estado disfrutando al máximo mi vida. Desde el principio, intenté animarme”, comentó tras recibir la ovación del público que interrumpía con vítores su entrevista en la cancha. La conexión con la gente y la fuerza de jugar en casa se convirtieron en motores emocionales que la impulsaron a su primera semifinal en el US Open.
El futuro inmediato
Con 24 años y aún considerada una joven promesa del tenis estadounidense, Amanda Anisimova vuelve a colocar su nombre entre las protagonistas del circuito WTA. La victoria sobre Swiatek no solo le da la confianza para soñar con un título de Grand Slam, sino que también la proyecta como un referente de resiliencia y determinación. El tenis, en ocasiones, ofrece segundas oportunidades, y Amanda supo aprovechar la suya en la cancha más grande del mundo.
