Maria Sharapova ahora forma parte del Salón de la Fama del Tenis Internacional, un homenaje que la llevó a mirar hacia atrás y reflexionar sobre el esfuerzo que marcó su carrera. La rusa destacó la disciplina y sacrificios que la llevaron a convertirse en una de las figuras más reconocidas del deporte.
“¡Hubo mucho trabajo duro y valió la pena!”, expresó la exjugadora, quien fue consagrada junto con los legendarios hermanos Bob y Mike Bryan, referentes del dobles.
Con apenas 17 años, Sharapova sorprendió al mundo en 2004 tras derrotar a Serena Williams en la final de Wimbledon, un triunfo que la catapultó a la élite y marcó el inicio de una era en la que su nombre se volvió sinónimo de éxito y competitividad.
Un palmarés que marcó generaciones
La rusa se convirtió en una de las 10 mujeres que lograron conquistar el Grand Slam en su carrera. Ganó Wimbledon en 2004, el US Open en 2006, el Abierto de Australia en 2008 y Roland Garros en dos ocasiones, 2012 y 2014. Estos títulos la consolidaron como referente global y le permitieron alcanzar el número uno del ranking de la WTA, un hito histórico al ser la primera rusa en conseguirlo.
Más allá de sus trofeos, Sharapova se distinguió por su mentalidad competitiva, su capacidad de reinventarse y su impacto mediático dentro y fuera de la cancha. Hoy, su ingreso al Salón de la Fama confirma la magnitud de su trayectoria y el lugar que ocupa entre las leyendas del tenis.
Sharapova cierra así un capítulo con orgullo, recordando no solo sus títulos, sino también el camino lleno de esfuerzo que la convirtió en una de las grandes de este deporte.
