Nueve penales fallados de 14 lanzados. Analizamos el bochornoso espectáculo en la definición entre Inglaterra y Suecia. ¿Mala suerte o incompetencia técnica?
Cuando una tanda de penales, el clímax de la tensión y la habilidad, se convierte en una comedia de errores, hay que llamarlo por su nombre: un fracaso colectivo. La definición entre Inglaterra y Suecia en los cuartos de final de la Eurocopa Femenina no fue un drama épico; fue una acusación directa a la preparación y la fortaleza mental de dos selecciones de élite. Nueve fallos en 14 intentos no es azar, es un síntoma.
En el papel, teníamos un choque de titanes. Inglaterra, la anfitriona y una de las favoritas, contra una Suecia siempre competitiva y físicamente imponente. El partido fue tenso, trabado, y llegó a la prórroga para desembocar en el punto de máxima presión: la tanda de penales. Lo que siguió fue un desfile de nerviosismo, malas decisiones y ejecuciones terribles que dejó una mancha en un torneo por lo demás brillante.
La Clave Táctica Ignorada: La Psicología es Parte del Juego
El primer cargo es por negligencia en la preparación mental. Un penal es 70% mentalidad y 30% técnica. Vimos jugadoras de clase mundial, capaces de anotar goles espectaculares en juego abierto, acercarse al manchón penal con la duda pintada en el rostro. Los tiros fueron telegrafiados, sin potencia, o directamente desviados. Las porteras, sin desmerecer sus aciertos, se beneficiaron más de la indecisión de las tiradoras que de su propia brillantez.
Suecia, en particular, queda señalada. Fallar cinco penales es estadísticamente una anomalía que roza lo absurdo. ¿Dónde estaban las líderes? ¿Dónde estaba el plan? Parecía que las jugadoras caminaban hacia el patíbulo, no hacia una oportunidad de gloria. Se contagiaron del pánico colectivo, una tras otra, en una espiral de fracaso que las condenó.
Inglaterra, aunque victoriosa, no puede reclamar ninguna superioridad moral. También fallaron cuatro disparos. Su pase a semifinales se siente más como un premio de consolación, como haber sido «el menos peor» en una exhibición de incompetencia. La entrenadora Sarina Wiegman tiene una tarea monumental: reconstruir la confianza de su equipo desde los cimientos, porque otra actuación así en semifinales será fatal.
El Veredicto: Una Victoria Pírrica y una Derrota Humillante
Este no es un juicio para demonizar a las jugadoras, sino para señalar una falla sistémica en el enfoque de un momento crucial del juego. La presión es inmensa, sí, pero es precisamente para eso que se entrena. La repetición, la visualización y la estrategia para seleccionar a las lanzadoras no parecieron existir.
El veredicto final es que Suecia se autoeliminó con una de las peores tandas de penales en la historia reciente del fútbol de élite, masculino o femenino. Su legado en este torneo quedará manchado por este colapso. Inglaterra, por su parte, obtiene una victoria pírrica. Avanzan, pero con la enorme duda de si tienen la fortaleza mental para ser campeonas. Este partido no será recordado por la clasificación inglesa, sino por la alarmante falta de calidad y compostura cuando más importaba. El fútbol femenino merece más que esto.
