Laselección de México en alerta: el descenso del puesto 15 al 16 en el ranking FIFA no es un simple ajuste estadístico, es una señal que resuena en la conciencia colectiva de un país que vive el fútbol como parte de su identidad. La selección vuelve a enfrentar una etapa de dudas justo cuando el calendario marca la cuenta regresiva rumbo a la Copa Mundial, un torneo que será observado con lupa por la afición, los directivos y la prensa internacional.
La selección ha vivido un proceso irregular desde la conquista de la Copa Oro 2025. Aquella noche de celebración parecía el punto de partida de una nueva estabilidad, pero los meses siguientes trajeron empates, derrotas y una sensación persistente de que el proyecto todavía no encuentra un once base. La selección no solo compite contra rivales en la cancha, también lucha contra su propia incertidumbre.
El descenso en el ranking y la nueva jerarquía mundial
La selección mexicana fue desplazada por Estados Unidos, que ahora se confirma como el mejor representante de Concacaf en la clasificación. Este movimiento no es aislado. Marruecos irrumpió en el top 10 tras su actuación en la Copa Africana de Naciones, mientras Senegal escaló hasta el sitio 12. México observa cómo las potencias emergentes de África y Europa redefinen el mapa del fútbol mundial.
España, Argentina y Francia encabezan la lista, seguidos por Inglaterra y Brasil. Detrás se mantienen Portugal, Países Bajos, Bélgica y Alemania. México queda fuera de esa élite que alguna vez prometió alcanzar. El mensaje es claro: la regularidad internacional se ha vuelto un requisito indispensable para mantenerse en la conversación de los grandes.

Un equipo base que no termina de aparecer
La selección sigue sin resolver el armado de un equipo titular confiable. Javier Aguirre ha probado variantes, ha rotado piezas y ha buscado respuestas en cada Fecha FIFA, pero la cohesión todavía no aparece. La selección enfrenta un dilema estructural: talento hay, continuidad no.
Jared Borgetti lo resume con una frase que pesa: “Jugadores tenemos, pero no van a funcionar con uno o dos partidos, hay que darles tiempo en sus equipos”. La selección necesita procesos largos, no soluciones exprés. La falta de una alineación estable se traduce en desconcierto dentro del campo y en descontento en las plazas locales.
Delantera en suspenso y lesiones inoportunas
La selección sufre un vacío de certezas en el ataque. Santiago Giménez vuelve de una lesión que pone en duda su ritmo competitivo. Henry Martín aún no logra recuperarse plenamente. Armando “La Hormiga” González y Ángel Sepúlveda levantan la mano, pero requieren oportunidades reales para acompañar a Raúl Jiménez.
La selección vive un momento en el que cada convocatoria parece un experimento. Las decisiones ofensivas pesan más cuando los resultados no llegan. Cada empate se siente como una derrota y cada derrota como un retroceso que profundiza la crisis de confianza.
Los amistosos que dejaron más preguntas que respuestas
Desde la Copa Oro 2025, la selección disputó seis partidos amistosos ante rivales de otras confederaciones. Empató con Japón y Corea del Sur, igualó con Ecuador y Uruguay, y perdió con contundencia ante Colombia. Cerró el año con otra derrota frente a Paraguay.
La selección no logró imponer condiciones ni mostrar una identidad clara. Los números reflejan una realidad incómoda: el equipo compite, pero no convence. La selección se mantiene en una zona gris entre la reconstrucción y la exigencia inmediata.
La portería: un debate que no se apaga
A diferencia de otros procesos, la selección no tiene intocables. Luis Ángel Malagón y Raúl Rangel aparecen como las opciones preferidas de Aguirre, pero Guillermo Ochoa sigue esperando su turno. El veterano arquero sueña con disputar su sexta Copa Mundial.
Jorge Campos lo plantea con franqueza: “En la portería nunca hemos tenido problemas. Lo que debe preocupar al técnico es de medio campo para adelante”. La selección no solo discute quién debe estar bajo los tres palos, también debate su modelo de liderazgo y experiencia.
África y Europa marcan el ritmo del cambio
La selección observa cómo Nigeria y Argelia se instalan entre los mejores 30 del ranking. El ascenso africano no es casualidad, es el resultado de proyectos a largo plazo, exportación de talento y competitividad interna.
La selección mexicana, lejos de esa narrativa de crecimiento, intenta redefinirse en un contexto donde la globalización del fútbol ya no permite improvisaciones. Cada punto en el ranking cuenta y cada partido se convierte en una vitrina internacional.
Próximos retos en año mundialista
La selección se prepara para enfrentar a Panamá y Bolivia en sus primeros encuentros de preparación del año. Son pruebas que parecen menores en el papel, pero que pesan como finales para un proyecto que busca credibilidad.
Iker Fimbres, juvenil del Monterrey, lo expresa con ilusión: “A los jóvenes nos ilusiona llegar al Mundial”. La selección también necesita esa energía fresca para sacudirse el escepticismo y construir una narrativa de renovación.
La presión de jugar en casa el Mundial
La selección no solo juega por puntos, juega por orgullo. Ser anfitrión del Mundial implica una responsabilidad histórica. La caída en el ranking FIFA intensifica la presión sobre Aguirre y su cuerpo técnico.
La selección enfrenta una encrucijada: o encuentra un equipo base que transmita seguridad, o llegará al torneo con más dudas que certezas. La historia reciente demuestra que el tiempo no siempre es aliado.
Un proyecto que necesita coherencia y paciencia
México no carece de talento, carece de continuidad. La rotación constante impide consolidar sociedades dentro del campo. Cada cambio de alineación retrasa la construcción de una identidad.
Y debe apostar por un núcleo estable y asumir los errores como parte del proceso. La paciencia no es una virtud frecuente en el fútbol mexicano, pero hoy es una necesidad estratégica.
El desafío de recuperar la credibilidad
La selección vive un momento de introspección. La caída en el ranking es un síntoma, no la enfermedad. El verdadero reto es recuperar la confianza de la afición y demostrar que el proyecto tiene rumbo.
La selección necesita victorias, pero también discursos claros y decisiones coherentes. El Mundial se acerca y el margen de error se reduce. Cada partido será una prueba de carácter.