
La Copa Mundial se ha convertido en una frase cargada de inquietud para millones de aficionados que soñaban con una fiesta global y ahora temen un torneo marcado por redadas, restricciones migratorias y un clima político hostil. La Copa Mundial de 2026, planeada como el mayor espectáculo del fútbol, podría terminar siendo el más sombrío si las políticas de Donald Trump continúan tensando el ambiente social y diplomático.
En pasillos universitarios, foros deportivos y redes sociales, la Copa Mundial ya no se discute solo en términos de goles y selecciones. Se habla de miedo, incertidumbre y derechos humanos. El experto en relaciones internacionales Tomás Milton Muñoz Bravo lo resumió con crudeza: el torneo podría celebrarse en un país que parece caminar hacia una lógica autoritaria, con acciones violatorias de libertades civiles.
Un torneo bajo la sombra de la política
El ambiente político ha tensado la Copa Mundial en más de una ocasión. Alemania 1974 estuvo precedida por el golpe de Estado en Chile, mientras Argentina 1978 quedó marcada por la dictadura de Rafael Videla. Hoy, esa atmósfera vuelve a rondar al fútbol con un rostro distinto: el de Trump y su endurecimiento migratorio.
Las redadas antimigrantes, la militarización visible en varias ciudades y el discurso de seguridad extrema generan un contexto que muchos consideran incompatible con la esencia festiva del torneo. Para Muñoz Bravo, la Copa Mundial podría vivirse en un país donde la vigilancia constante y la discriminación serían parte del paisaje cotidiano.
Redadas, miedo y turistas en riesgo
El ICE seguirá en las calles. No hay indicios de que el gobierno estadounidense reduzca operativos durante el torneo. Esto convierte a la Copa Mundial en un evento con riesgos reales para visitantes, incluso con visa de turista.
Aficionados mexicanos que radican en Estados Unidos ya desistieron de comprar entradas por temor a ser detenidos. La Copa Mundial, que debía unir culturas, ahora genera dudas entre quienes pensaban viajar solo para alentar a su selección.
Visas restringidas y selecciones afectadas
El Departamento de Estado impuso restricciones para visas a 75 países, entre ellos Brasil, Colombia, Uruguay y Marruecos. Todos con selecciones clasificadas. Esto coloca a la Copa Mundial en una posición delicada: ¿cómo garantizar un torneo inclusivo cuando los propios jugadores y aficionados enfrentan trabas para ingresar?
La incertidumbre se extiende a delegaciones completas que temen complicaciones logísticas. La Copa Mundial deja de ser un simple calendario deportivo y se convierte en un rompecabezas diplomático.
Un clima de protestas sociales
Las protestas no tardaron en aparecer. En algunas ciudades, ciudadanos salieron a las calles tras el asesinato de Renee Nicole Good a manos de agentes migratorios. Estos episodios alimentan la narrativa de un país crispado justo cuando debe recibir a millones de visitantes.
En redes sociales ya circulan llamados a boicotear la Copa Mundial. Se pide cancelar boletos de reventa, reservaciones de hoteles y vuelos. Aunque el impacto real de estas iniciativas aún es limitado, el ruido mediático crece.
Entradas caras y descontento global
La FIFA también contribuyó al malestar. Los precios de las entradas alcanzaron hasta cinco veces los de Qatar 2022. Además, el sistema de sorteo aleatorio internacional complicó la compra.
Seguidores europeos, tradicionalmente fieles, dudan en pagar un viaje transoceánico para asistir a una Copa Mundial que promete ser cara, tensa y vigilada.
¿Un boicot realista?
Muñoz Bravo considera poco viable un boicot efectivo. La afición del fútbol es, según él, la más apolítica de todos los deportes. La demanda por boletos sigue alta, con 500 millones de solicitudes registradas.
Para que la Copa Mundial realmente se vea afectada, tendría que bajar drásticamente esa demanda. Hasta ahora, las políticas de Trump no lograron ese efecto.
La geopolítica entra al estadio
El interés de Trump por anexar Groenlandia, su respaldo a Israel y el enfrentamiento con varias naciones agregan capas de tensión. La Copa Mundial deja de ser neutral y se convierte en escenario de disputas simbólicas.
Francia ya descartó un boicot pese a la tensión por Groenlandia. Pero el simple hecho de que se discuta muestra cuán frágil es el equilibrio.
La FIFA ante su mayor dilema
Históricamente, la FIFA ha evitado involucrarse en conflictos políticos. Pero la Copa Mundial 2026 la obliga a posicionarse, al menos de forma implícita.
La organización enfrenta críticas por priorizar ingresos sobre valores. Para muchos, esta Copa Mundial expone esa contradicción con crudeza.
Un torneo que podría ser usado como tribuna
Aunque un boicot masivo parece improbable, es factible que grupos de la sociedad civil aprovechen la Copa Mundial para criticar las políticas de Trump.
Podrían surgir protestas en las sedes, actos simbólicos de selecciones o gestos discretos de jugadores. La Copa Mundial se convertiría en una tribuna global.
La fiesta que ya no se siente igual
Trump prometió seguridad, pero muchos oyen militarización. Prometió control, pero otros perciben miedo. En ese contexto, la Copa Mundial pierde parte de su magia.
Lo que debía ser una celebración multicultural ahora se discute como un evento vigilado y politizado.
El futuro inmediato del torneo
De momento, el fútbol está a la espera. La Copa Mundial sigue en pie, con estadios listos y calendarios definidos.
Pero el ánimo cambió. Ya no se habla solo de partidos. Se habla de visas, redadas y derechos humanos.
Un Mundial al filo de la historia
Nunca antes la Copa Mundial había estado tan ligada a decisiones políticas internas de un país anfitrión.
Si algo define este momento es la incertidumbre. Y esa incertidumbre ya forma parte del torneo.