SENTENCIA: La FIA a juicio por Imola – Fallos flagrantes y una credibilidad en caída libre. ¿Está la dirección de carrera a la altura de la F1?

El veredicto es inapelable: la actuación de la Dirección de Carrera de la FIA durante el Gran Premio de Emilia Romagna 2025 ha sido, por momentos, desconcertante y ha dejado un regusto amargo de injusticia y confusión. El incidente de Ollie Bearman en la Q1, donde una controvertida anulación de vuelta le privó de pasar a la Q2, es el ejemplo más flagrante, pero no el único, que pone en tela de juicio si el actual sistema de arbitraje de la Fórmula 1 está realmente a la altura de las circunstancias.

La defensa de la FIA en el caso Bearman, escudándose en la precisión de sus sistemas que registraron el cruce de meta del piloto de Haas 3.3 segundos después de la activación oficial de la bandera roja, choca frontalmente con la experiencia del piloto, quien asegura no haber visto señalización alguna en su monoplaza hasta completar la vuelta. Esta discrepancia fundamental no es un mero detalle técnico; es una falla sistémica que siembra dudas sobre la fiabilidad y, sobre todo, la equidad del proceso.

Reglamentos ambiguos y tecnología cuestionada

El Reglamento Deportivo de la F1, aunque extenso, parece no contemplar con la claridad necesaria estas situaciones límite donde la comunicación instantánea y precisa al piloto es vital. Si la tecnología de señalización en los coches o en la pista presenta retardos o no está perfectamente sincronizada con el sistema central de la FIA, se abre la puerta a decisiones que, aunque «correctas» sobre el papel según el log oficial, resultan manifiestamente injustas desde la perspectiva del competidor.

«El objetivo primordial era determinar si Bearman había completado o no la vuelta antes o después de la bandera roja… para asegurar que los pilotos correctos pasaran a la Q2.» – Comunicado de la FIA.

¿Pero es justo si el piloto no tuvo la información a tiempo?

La insistencia de Haas en solicitar «mayor clarificación por escrito» y preguntar por medidas para «evitar esta situación en el futuro» es un claro indicativo de que no consideran el asunto cerrado ni la explicación satisfactoria. No se trata de un equipo pataleando por un mal resultado, sino de una demanda legítima por la integridad del proceso competitivo.

Más allá de Bearman: ¿Decisiones de Safety Car cuestionables?

 El escrutinio sobre la FIA no se limita a la clasificación. Durante la carrera, algunas decisiones relativas al Safety Car y al Virtual Safety Car también generaron debate entre los aficionados. Comentarios en foros y redes sociales apuntaban a que estas neutralizaciones, si bien pudieron añadir emoción artificial a una carrera por momentos procesional, también beneficiaron estratégicamente a algunos equipos sobre otros de manera discutible.

La consistencia en la aplicación de los criterios para desplegar el coche de seguridad es un tema recurrente de crítica hacia la FIA. ¿Cuándo es realmente necesario un Full Safety Car en lugar de un VSC o una doble bandera amarilla localizada? La percepción de que estas decisiones pueden ser influenciadas por el «espectáculo» más que por la pura necesidad de seguridad daña la credibilidad del organismo rector.

La urgente necesidad de restaurar la confianza

La Fórmula 1 es un deporte de precisión milimétrica, tanto en la ingeniería de los coches como en la ejecución de los pilotos. Se espera, por tanto, un nivel de precisión y transparencia igualmente elevado por parte de quienes dictan las reglas y administran la justicia en pista. Incidentes como el de Bearman, sumados a una percepción de inconsistencia en otras áreas, erosionan la confianza de equipos, pilotos y, fundamentalmente, de los aficionados.

La FIA necesita urgentemente revisar sus protocolos, invertir en tecnología de señalización y comunicación que sea infalible y transparente, y asegurar que sus comisarios apliquen los reglamentos con una coherencia a prueba de balas. De lo contrario, el «Ojo del Juez» seguirá viendo a una FIA que, lejos de ser un árbitro imparcial y eficiente, se convierte en protagonista involuntaria de las polémicas, restando brillo a la competición que debería proteger. La confianza, una vez perdida, es muy difícil de recuperar.

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