El glamour y la velocidad del Gran Premio de Miami de Fórmula 1 se preparan para recibir a un invitado que garantiza titulares más allá de lo deportivo: Donald Trump.
La confirmación de la asistencia del ex-presidente estadounidense ha encendido las alarmas en el paddock, no solo por el previsible revuelo mediático y logístico, sino por la carga política y las controversias que arrastra su figura en el exclusivo mundo de la F1.
El Fantasma de 2024: Recaudación y Polémica La visita de Trump a Miami el año pasado no estuvo exenta de polémica. Más allá de felicitar a Lando Norris y autoproclamarse su «amuleto», surgió un escándalo cuando un asociado intentó vender acceso a una suite de lujo para conocer a Trump por la exorbitante cifra de $250,000, violando los términos comerciales del evento.
La situación derivó en tensas negociaciones legales y un acuerdo a puerta cerrada entre el equipo de Trump y los organizadores del GP. Este precedente siembra dudas sobre posibles intentos de politizar o comercializar indebidamente el evento nuevamente.
F1 en la Cuerda Floja: Negocio vs. Política
Para Liberty Media, dueña de la F1, la presencia de Trump es un arma de doble filo. Mientras buscan afianzar la F1 en el lucrativo mercado estadounidense atrayendo celebridades y lujo, la figura de Trump complica enormemente la narrativa. La F1 intenta mantener una imagen global y relativamente neutral, pero acoger a una figura tan polarizante puede alienar a parte de su audiencia internacional y nacional.
Este comentario de un aficionado refleja una crítica recurrente: la percepción de hipocresía en la postura «apolítica» de la F1, que parece aplicarse de forma selectiva. La bienvenida a Trump, justificada el año pasado por McLaren como «respeto» al cargo, puede ser vista por muchos como una nueva evidencia de esta supuesta doble moral.
El Impacto en el Evento Más allá del debate ideológico, la presencia de Trump implica un despliegue de seguridad masivo y posibles alteraciones logísticas que podrían afectar la experiencia de los aficionados y del resto de invitados VIP. El «caos» anticipado podría ensombrecer el espectáculo deportivo.
El GP de Miami se convierte así en un escenario donde la política, el negocio y el deporte colisionan de forma inevitable. ¿Logrará la F1 navegar esta tormenta sin dañar su imagen o el evento se verá eclipsado por la controversia externa?
