
El Deportivo Cali, una institución con un legado histórico en el fútbol colombiano, se encuentra inmerso en una «severa crisis económica». La deuda del club ha escalado a cifras alarmantes, superando los 100.000 millones de pesos.
Esta asfixiante situación financiera se ha traducido en un problema directo para la plantilla: el club adeuda a sus jugadores dos quincenas de salarios correspondientes a la Liga BetPlay 2025. Ya en mayo de 2025, se reportó que las quincenas de abril no se habían saldado, generando una incertidumbre creciente entre los futbolistas.
La institución ha intentado gestionar esta crisis acogiéndose a la Ley de Reorganización Empresarial de Colombia, un mecanismo legal para reestructurar sus deudas.
Se resignan a la venta del club
El clamor por una solución radical ha surgido desde el propio vestuario. Juan Sebastián Quintero, capitán del equipo y una de sus voces más autorizadas, ha declarado abiertamente que la «única solución viable» para superar la profunda crisis institucional es la venta del club.
Quintero, sin rodeos, subraya que el fútbol moderno se rige por «contratos y dinero», y que la inestabilidad financiera afecta directamente el rendimiento deportivo, lo que llevó a la eliminación del equipo de la Liga BetPlay 2025-I.
La directiva, por su parte, ha reconocido la gravedad de la situación, aunque con matices. El presidente del club, Humberto Arias, admitió que la firma Deloitte, contratada para buscar soluciones, no pudo asegurar fondos inmediatos, y que la Ley 550 que rige la reestructuración financiera restringe el acceso a créditos bancarios.
Arias reveló que tres inversores potenciales no presentaron propuestas viables, lo que llevó a la terminación del contrato con Deloitte. La advertencia del presidente es sombría: el incumplimiento continuo de pagos, impuestos y salarios podría llevar a una intervención que derive en la liquidación del club.
Desestiman falta de pago a jugadores
Sin embargo, las tensiones internas son evidentes. Arias calificó la eliminación del equipo como un «fracaso», pero desestimó las quejas de los jugadores sobre los salarios impagos.
Según él, es una «disculpa muy difícil de creer» y que «no le queda bien a jugadores profesionales opinar en temas administrativos». Esta postura genera un conflicto directo entre la directiva y el vestuario, minando aún más la moral. Como consecuencia, se han confirmado las salidas de jugadores clave y se negocian rescisiones de contrato debido a la situación insostenible.
La correlación directa entre las finanzas y el rendimiento deportivo es innegable en el caso del Deportivo Cali. El capitán, Juan Sebastián Quintero, ha establecido un vínculo explícito entre los salarios impagos y la crisis financiera con el bajo rendimiento del equipo y su eliminación de la liga.
Rendimiento en duda
Esta afirmación contradice la postura del presidente, que desestima dichas quejas. Aunque los jugadores tienen su cuota de responsabilidad en el campo, una inestabilidad financiera sistémica crea un ambiente donde el rendimiento óptimo es casi imposible.
No es una excusa, sino un factor causal directo. Esta situación es una advertencia para otros clubes a nivel mundial: la mala gestión financiera socava directamente las ambiciones deportivas y puede conducir a una espiral descendente que afecta la moral, la retención de jugadores y los resultados competitivos. El estatus único del club como propiedad de sus aficionados hacen que esta angustia financiera sea una traición a su propia fundación.
La urgencia de la venta se presenta como la última esperanza. La admisión del presidente de que Deloitte no logró asegurar fondos y que los inversores potenciales no ofrecieron soluciones viables subraya la gravedad y la naturaleza inmediata de la crisis.
Ya no creen en la directiva
El llamado público del capitán a la venta del club es una medida desesperada, indicando una pérdida total de fe en la capacidad de la dirección actual para resolver los problemas. Esto se interpreta como una súplica desesperada para salvar la institución, incluso si ello significa sacrificar su modelo de propiedad por parte de los aficionados.
La venta del Deportivo Cali, si se concreta, representaría un cambio significativo en su identidad y una historia de advertencia sobre los peligros de la inestabilidad financiera, incluso para clubes de gran importancia histórica. También plantea interrogantes sobre los mecanismos de supervisión dentro del fútbol colombiano (Dimayor, Federación Colombiana de Fútbol) que permitieron que una crisis tan profunda se gestara.