Yucatán

Trafico de animales en Yucatán, secreto a voces en mercados de Mérida

Trafico de animales en Yucatán, secreto a voces en mercados de Mérida

El tráfico de animales se registra con mayor frecuencia en los mercados de Mérida y carreteras de Yucatán pero últimamente ha cobrado auge a través de redes sociales.

Por La Verdad

22/10/2018 08:32

El tráfico de animales en peligro de extinción es un secreto a voces en Yucatán, sin que la Procuraduría Federal de Protección al Medio Ambiente (Profepa), en diferentes administraciones, haga algo al respecto.

Locatarios de los mercados San Benito y Lucas de Gálvez , en el centro de Mérida, señalan que los operativos que ha realizado la dependencia federal son solamente “maquillaje”, pues previamente se dan “pitazos” sobre la presencia de los inspectores, con el tiempo suficiente para que, principalmente aves, sean resguardadas y todo parezca “en regla”.

Cerca de los chicharroneros, de los mercados más importantes de Mérida, es fácil apreciar desde lejos las jaulas y el olor a los animalitos encerrados, desde loros de diferentes clases, loritos australianos, patos, gallinas, conejos, curíes, y muchos más animales hacinados en condiciones insalubres.

La actuación de Profepa se ha limitado a los decomisos de carnes, principalmente de venado y otras especies endémicas de la Península de Yucatán, pero de animales que viven en casas son muy pocos.

La Profepa pone como justificación a la poca actividad que este comercio es a través, cada vez más, en redes sociales.

José Lafontaine Hamui, titular de la dependencia, señala que: “La autoridad se ve rebasada, pues mientras se recibe la denuncia, la inmediatez de las redes sociales hace imposible actuar contra estos ilícitos”, indicó.

Indicó que es más eficaz la denuncia ciudadana, que incluso llevó en meses pasados a rescatar a un mono araña en una vivienda del poniente de Mérida, el cual era tratado como un bebé, pues le ponían pañal, sin importar que se rozara y tuviera lesiones.

Tráfico maquillado

En el mercado de Mérida se identifica como responsable del tráfico de especies protegidas, principalmente de pequeños felinos, como el ocelote, tigrillos y los llamados jaguarundis, y pequeñas aves, como búhos y loros, a Jorge “El Mocho”, una persona de baja estatura, de unos 50 años y cabello canoso, quien tiene varios domicilios para resguardar a estos animales.

Incluso se comercian híbridos, pues cruzan a gatos domésticos con pequeños felinos salvajes y salen animales semisalvajes de primera camada, que tienen mucha demanda por sus bellos colores. Son animales que son esterilizados, para que no se reproduzcan y haya que volver con el proveedor para adquirir más.

En las redes sociales se comercian como felinos de belleza incomparable, pues son animales salvajes en estado puro que al combinarse con gatos domésticos crean especies nuevos y esas cruzas son muy apreciadas.

Entre las prácticas crueles, que se dicen que realizan quienes trafican con loros, lechuzas, gavilanes o halcones es que cuando vienen los operativos, para evitar el ruido les aplastan sus cabezas y prefieren esa pérdida a ser atrapados e ir a la cárcel, aunque tengan pérdidas fuertes.

Los loros y felinos pequeños provienen de selvas del sur de Quintana Roo, Campeche, Tabasco y Chiapas, y muchas veces son transportados en camiones de segunda clase con la complicidad de los choferes, refieren comerciantes de animales.

“Los planchan y los meten en bolsas de plástico; a las cacatúas las meten en bolsas negras, porque son muy caras, y ‘chalanes’ se las llevan caminando”, refiere un locatario.

 “Los animales de gran valor están en domicilios particulares, no se les arriesga, pues solamente un tigrillo puede costar 30 mil pesos, son los más finos de los felinos que se trafican, al igual que los ocelotes, pues son muy requeridos porque son pumas y tigres en miniatura”, señalan.

Mortales excepciones

El único caso documentado de grandes felinos en las últimas fechas fue en un rancho de la carretera Motul-Baca, en la que un tigre en cautiverio hirió al propietario de la finca y a un menor de edad, sin que las autoridades tuvieran conocimiento de que en el lugar se albergaba a un gran felino.

A final de cuentas la Profepa, alertada de la presencia de los dos peligrosos felinos procedió a su aseguramiento y confirmó que el propietario tenía orden de reaprehensión en Nuevo León por homicidio.

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