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Se refugia en la iglesia para evitar ser golpeada
Yucatán

Se refugia en la iglesia para evitar ser golpeada

Una mujer cuenta su historia, en la cual es muy difícil sobre llevar la violencia que la imparte su esposo y prefiere refugiarse en la iglesia.

por LaVerdad

Se refugia en la iglesia para evitar ser golpeada

Se refugia en la iglesia para evitar ser golpeada

Fidelia Pech viste de blanco y con su gran sonrisa emane felicidad a las personas que la rodean. Todos los  días acude a la iglesia de su colonia para “servir al Señor”, como ella dice, pero nadie sabe que en su casa es víctima de violencia física y psicológica por parte de su pareja con el que lleva casada 40 años.


Golpes, daño psicológico y hasta problemas económicos es lo que tiene que pasar a diario la señora de 65 años, que por ignorancia se ha mantenido cerca de su  pareja, el cual cada día aumenta el grado de violencia hacía la  mujer, según ella. 


Debido a la situación que vive en su casa, doña Fidelia prefiere acudir a la iglesia, ubicada en una comisaria de esta capital, con el fin de refugiarse de los problemas que a diario vive en su hogar.


“Tengo problemas en mi casa con mi esposo. Él toma mucho y me empieza a decir que soy una buena para nada, me insulta, me exige comida cuando yo no tengo dinero y él se lo gasta en su cerveza. De poco en poco terminamos discutiendo y me golpea, pero para no sufrir más prefiero salir de casa y venir a la iglesia”, señaló la señora.

Trabaja para evitar ser golpeada


Pese a su avanzada edad, Fidelia continúa laborando como si tuviera 20 años. Por las mañanas presta sus servicios para la limpieza de la ropa y por las tardes acude a realizar las tareas de casa ajenas, con el fin de reunir unos centavos para la comida, de lo contrario, unos golpes le esperan si el esposo llega  y los alimentos no están listos. 


“En este momento no tengo ningún peso, pero si Dios me presta salud mañana desde temprano trabajaré para poder llevar la comida a la casa, porque si no cuando llegue mi esposo y si está borracho se pondrá violento”, manifestó la mujer.


La iglesia se ha convertido en el nuevo refugio de Fidelia, donde realiza actividades cristianas, pero servir al Dios ha sido su mayor aliciente.


“Al principio mi marido no me dejaba venir a la iglesia. Decía que eso no sirve de nada, pero luego hasta me decía que venga para que se puede ir a beber y luego al llegar a la casa de nuevo los enfrentamientos es difícil, pero no queda de otra por eso yo prefiero venir todos los días a la iglesia y hacer muchas actividades para no verlo”, declaró.


Fidelia es una de las miles de mujeres que sufren de violencia en Yucatán sin conocer que pueden hacer uso de sus derechos y denunciar a su atacante; muchas veces callan pesar porque es miembro de su círculo familiar. 
 

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