Yucatán

Leyendas mayas de Yucatán: Yaax y las plantas

Leyendas mayas de Yucatán: Yaax y las plantas

Conoce un de las mejores leyendas mayas originaria de Yucatán. Es la historia de Yaax, quien creció con la costumbre de arrancar plantas desde el tallo como lo hacían otros niños.

Por Ricardo Pat

22/01/2021 01:56

Dentro de la serie de leyendas mayas de Yucatán que La Verdad Noticias comparte con sus lectores, toca turno a una que narra cómo por tierras mayas corría una voz que de boca en boca va contando historias. Cuando eso sucedía, los árboles se ensanchaban y los ríos bailaban pues el aire, que llevaba palabras consigo, curando los males de la tierra.

Se dice que en aquellas tierras las casas y caminos se llenaban con plantas de pequeñas hojas y pétalos blancos que la gente maltrataba. Los niños las arrancaban desde el tallo, lastimando sus raíces, y los adultos las cortaban con machetes creyendo que las florecillas perjudicaban al resto de las plantas y cultivos. 

Yaax creció con la costumbre de arrancar plantas desde el tallo como lo hacían otros niños.

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A Yaax le encantaba arrancar plantas, con el único propósito de sentir el crujido de los tallos entre sus manos y escuchar el sonido que emitían al romperse. Una vez arrancadas, simplemente las aventaba.

Su abuelo solía advertirle que algún día las plantas cobrarían venganza de él, a lo que Yaax respondía sonriendo y, por no importunar a su abuelo, dejaba por el momento de arrancar las plantas. Yaax no era malo, simplemente no entendía lo que su abuelo le decía. 

Una gran lección de vida

De grande era admirado por su fortaleza y de niño había sido querido por todos debido a su simpatía. Sin embargo, testarudo e incrédulo como era, durante todos esos años había seguido arrancando plantas. Las advertencias de su abuelo le parecían absurdas y más de una vez comentaba entre sus risueños amigos la ridiculez de una posibilidad como la de que las plantas se vengaran. 

Los días transcurrían sin nada que perturbara la tranquilidad del chico hasta que un día lo despertaron unos gritos provenientes del cuarto de sus abuelos. Sonaban desgarradores, como si quien estuviera emitiendo los sonidos fuera presa de un dolor terrible así que, temeroso, se apresuró al cuarto de su abuela. 

Al entrar al cuarto la encontró sola, gritando por un intenso dolor en las piernas que las medicinas ya no mitigaban. Al poco rato el abuelo, con los ojos bañados en lágrimas, pidió a Yaax que saliera a buscar la planta que tanto le gustaba arrancar, pues era el único remedio para el dolor de su abuela. 

Yaax, desesperado, siguió las indicaciones de su abuelo. Las recordaba bien, y aunque no se explicaba como aquello calmaría el dolor de su abuela, salió en busca de las plantas. 

Yaax se vió obligado a recorrer desesperadamente el monte en busca de la planta que salvaría a su abuela.

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Caminó y caminó sin encontrar nada. Los caminos que antes habían sido verdes estaban ahora desiertos y Yaax supo entonces que se había equivocado al arrancar tantas plantas, pues para su abuela ya no había ninguna. Decepcionado, después de haber andado la noche entera, volvió a casa con un pequeño puñado de hojas que su abuelo rápidamente puso a hervir. 

Al poco tiempo de haber tomado la infusión, su abuela dejó de quejarse y se sumió en sueños. Su abuelo le agradeció y lo miró por unos instantes a los ojos y justo en ese momento Yaax se dio cuenta de que más que una venganza, lo que las plantas le habían dado era la más sabia de las enseñanzas.

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