Yucatán

Leyendas mayas de Yucatán: Balam y su temor al dios Ah Puch

Leyendas mayas de Yucatán: Balam y su temor al dios Ah Puch

Conoce la bella leyenda maya originaria de Yucatán de Balam, quien temía a Ah Puch, que reinaba en el inframundo maya, pues sabía que este vendría para llevarse a su abuela Ixchel.

Por Ricardo Pat

15/01/2021 01:46

Dentro de la serie de leyendas mayas de Yucatán, La Verdad Noticias comparte en esta ocasión una hermosa historia que tiene como protagonista a Ixchel, quien en sus juventud irradiaba luz como la luna.

Ixchel, quien era madre de 2 valientes artesanos y abuela de 3 niños, había pasado tres meses acostada a causa de una extraña enfermedad que poco a poco había hecho que sufriera de fiebres altísimas, dolores musculares y la pérdida de la movilidad en sus extremidades.

La única ventaja de los vivos era que podían escuchar al dios acercarse por el ruido de las cadenas y collares que vestía, pero Balam pensaba ¿Cómo haría para levantar a su abuela que estaba postrada, si escuchaban las cadenas y collares de Ah Puch?

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Fueron 3 meses llenos de incertidumbre en los que Balam, el más grande de los nietos, parecía haber adquirido un miedo nunca antes había sentido en el cuerpo, el cual lo sorprendió por primera vez cuando su abuela no pudo moverse más.

Desde que tenía 12 años escuchaba historias y leyendas sobre la muerte, ya que Ixchel había relatado a Balam años atrás, la historia de aquel Dios que reina en el inframundo maya: “Ah Puch”, una deidad maligna que al caer la noche ronda las casas de los enfermos con el fin de alimentarse de ellos o conducirlos al inframundo. 

Ah Puch era un dios terrorífico

Además de sentirse aterrado por la descripción que su abuela había hecho de la criatura: de figura humana, con una calavera por cabeza, se le notan las costillas y su carne verdosa como signo de putrefacción. De su nariz emanan aromas fétidos, porta pulseras o collares con cascabeles en forma de ojos fuera de sus cuencas.

Aunque Ixchel siempre contaba esta leyenda con la intención de que su nieto cuidara su salud y se abrigara para evitar contraer resfriados, Balam jamás había olvidado que Ah Puch se llevaba a los enfermos al inframundo maya

Balam no estaba seguro de si su abuela, tan enferma, recordaba al amenazante "Ah Puch" y la posibilidad de que un día llegara y no pudiera escapar de él, así que dejó a la incertidumbre avanzar con el tiempo hasta que un día, Ixchel visitó a Balam mientras soñaba

Entre sueños el pequeño vio a su abuela vestida de blanco. Por un momento se preguntó qué hacía ella caminando o cómo y cuándo se había curado, pero Balam solo cayó en cuenta de lo sucedido cuando despertó. Dentro del sueño, todo aparecía cubierto por una especie de bruma, tan espesa que nada que estuviera a más de seis pasos podría distinguirse. 

Balam logró vencer su temor al dios Ah Puch cuando comprendió que su abuela Ixchel de ahora en adelante lo cuidaría desde las estrellas.

“Abrígate bien Balam. Voy a estar cuidándote desde las estrellas, cuida de tus hermanos y honra a tus padres. No tengas miedo Balam, Ah Puch no pudo alcanzarme.” 

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A la mañana siguiente las ideas de Balam habían cambiado. De alguna manera había dejado atrás el miedo, y de forma inmediata supo que lo sucedido por la noche, a pesar de la claridad con que había escuchado las palabras de su abuela, no era más que un sueño

Al recorrer los pasillos de su casa y posar su mirada sobre el cuarto de Ixchel, el chico pudo constatar que de ahora en adelante, su abuela lo cuidaría desde las estrellas. 

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