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El mensaje del Islam Ahmadía

por La Verdad

Santos y profetas

Imam Azhar Goraya/Diario La Verdad Oh vosotros que amáis la verdad con vuestro corazón y vuestra alma, y los que estáis hambrientos y sedientos por ella! Entended que la creencia en la santidad y en sus elementos esenciales es la condición sine qua non para atravesar este caótico mundo con la propia fe intacta. La santidad ayuda a proteger la creencia en la misión profética, y la creencia en la misión profética ayuda a proteger la creencia en Dios. Los Santos son como las clavijas que refuerzan la misión profética, y los Profetas son como los clavos que fortalecen la creencia en la existencia de Dios. Quien no reconoce a un Santo tampoco reconocerá a un Profeta, y quien no reconoce a un Profeta, con certeza no reconocerá a Dios, y será guiado ineludiblemente hacia el mal camino. Ni los argumentos racionales ni el conocimiento convencional le servirá de nada a tal persona… Por último, permitirme aclarar que confío plena y absolutamente en mi Señor para que cuide de mis asuntos, y no me preocupa si la gente está conmigo o en mi contra, si aceptan mis afirmaciones o las rechazan, si me quieren o me odian. Al margen de todos, y considerando que todo, salvo Dios, carece de valor real, sigo con mi misión. Hay algunos de entre nosotros, que pertenecen a nuestra propia religión que miran con desprecio lo que estoy haciendo, pero yo soy indulgente con ellos sabiendo que lo que me ha sido revelado no le ha sido revelado a ellos, y la sed que siento ellos no la han sentido. En este punto, me gustaría también mencionar que he sabido de algunos artículos escritos por ciertos eruditos en los que mencionan que no aprueban que yo revele a otras personas las bendiciones espirituales y las señales celestiales que he experimentado, y que encuentran su culminación en la aceptación de la oración y en las revelaciones y visiones Divinas. Apuntan que todo está basado en suposiciones y conjeturas, y resultan más dañinas que beneficiosas. También dicen que estos fenómenos son más o menos comunes a todos los seres humanos, y algunos van más lejos, y sugieren que son experimentados por todas las personas en igual medida. Tienden a pensar que la religión y la piedad, y tener una relación con Dios no tiene nada que ver con esas experiencias, y que estas son habilidades naturales comunes en todas las personas. Aunque uno sea creyente o no creyente, piadoso o impío, poseerá estas habilidades en similar medida. Este es el punto de vista que expresan y que delata claramente la debilidad de su inteligencia, su pensamiento superficial y su falta de conocimiento. Pero si analizamos su condición con verdadera perspicacia, vemos que la negligencia y lo mundano han erosionado completamente su capacidad para entender los asuntos de la fe. Al igual que las extremidades de los leprosos empiezan a pudrirse en la etapa avanzada de la enfermedad, su mundanalidad ha causado que sus facultades espirituales se degraden. No reflexionan sobre las verdades religiosas y se entregan a la burla y el ridículo, a la duda y a la sospecha. Están tan alejados de la verdad, y son tan reacios a buscar el conocimiento verdadero, que nunca se han preguntado a sí mismos cómo han llegado a la tierra y cuál es el objetivo de su existencia. Se hallan entregados, día y noche, a la búsqueda de las cosas materiales, y han perdido toda consciencia de lo lejos que se han desviado de la verdad. Aun más lamentable es el hecho de que consideren saludables a sus propias enfermedades graves, y menosprecien a quienes son bendecidos con el verdadero bienestar. No valoran las excelencias de la Santidad ni la cercanía a Dios, y han cedido a la desesperación y el desaliento. De continuar en este estado, se hallan en grave peligro de incluso perder su fe en la misión profética.”  

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