Catedral de Sal de Zipaquirá se ha consolidado en los últimos años como uno de los ejemplos más sólidos de cómo el turismo puede evolucionar hacia un modelo sostenible, culturalmente significativo y económicamente responsable. De cara a 2026, este enclave subterráneo colombiano no solo atrae visitantes de todo el mundo, sino que redefine la manera en que se valora el patrimonio natural y geológico dentro de la industria turística global.
Ubicada a solo una hora de Bogotá, la Catedral de Sal recibe anualmente a más de 705.000 visitantes provenientes de más de cien países. Esta afluencia constante convierte al monumento en un motor económico clave para Zipaquirá y en un caso de estudio sobre cómo el turismo bien gestionado puede generar empleo, fortalecer la identidad local y proteger recursos naturales únicos.

Un santuario subterráneo que conecta turismo y territorio
La Catedral de Sal no es únicamente una obra arquitectónica o un símbolo religioso. Excavada a 180 metros bajo tierra, representa una experiencia inmersiva donde la sal, la roca y los minerales narran la historia geológica y cultural del territorio colombiano. Cada galería invita a la contemplación y al respeto por la naturaleza, reforzando el vínculo entre el visitante y el entorno subterráneo.
Este enfoque ha permitido que el turismo se convierta en una herramienta educativa. Los recorridos no solo muestran la monumentalidad del lugar, sino que promueven la valoración del patrimonio geológico como base de la identidad cultural, alineándose con las tendencias globales que buscan experiencias auténticas y con sentido.
Turismo sostenible como eje del desarrollo cultural
La transformación de la Catedral de Sal en un referente de turismo sostenible se apoya en una gestión responsable del entorno subterráneo. La conservación de la mina, el control del impacto ambiental y el uso consciente de los recursos minerales conviven con una oferta turística activa y diversa.
Este modelo ha posicionado al complejo como un referente latinoamericano en turismo patrimonial sostenible. Demuestra que es posible preservar un legado natural y cultural mientras se impulsa un desarrollo turístico alineado con los desafíos ambientales actuales y con las expectativas de un viajero cada vez más consciente.
Arte, espiritualidad y experiencias que resignifican el patrimonio
Uno de los pilares más innovadores del proyecto ha sido la integración de la cultura viva dentro del espacio subterráneo. La Catedral se ha convertido en escenario de conciertos, exposiciones y experiencias artísticas que dialogan con la fuerza simbólica de la sal y la roca.
Gracias a esta propuesta, el patrimonio deja de ser estático y se resignifica para nuevas generaciones. El arte y la espiritualidad encuentran un punto de encuentro en un entorno que invita tanto a la reflexión personal como al compromiso colectivo con el cuidado del planeta, reforzando la dimensión humana del turismo sostenible.
Impacto económico y proyección internacional de Zipaquirá
El éxito del modelo turístico de la Catedral de Sal se refleja directamente en el fortalecimiento económico de Zipaquirá. La generación de empleo, el crecimiento del comercio local y la proyección internacional del municipio han integrado a la región en los grandes circuitos del turismo global consciente.
Este impacto va más allá de las cifras. La comunidad local se reconoce como parte activa del proyecto, lo que refuerza el sentido de pertenencia y la protección del patrimonio. Así, la Catedral de Sal emerge como símbolo del nuevo turismo colombiano: auténtico, sostenible y profundamente enraizado en la naturaleza y el territorio.
Cómo llegar y planificar una visita responsable
Acceder a la Catedral de Sal es sencillo y forma parte de la experiencia. Desde Bogotá, se puede llegar en automóvil por la autopista Norte hacia la Sabana Centro, o en transporte público desde el Portal Norte de TransMilenio y la Terminal, con buses directos a Zipaquirá.
Otra opción destacada es el Tren de la Sabana, conocido como Turistren, que ofrece un recorrido turístico por los paisajes de la sabana bogotana. Además, múltiples tours organizados incluyen la visita al complejo, facilitando una experiencia guiada y sostenible para quienes buscan conocer este enclave sin complicaciones logísticas.
Un referente global hacia 2026
De cara a 2026, la Catedral de Sal de Zipaquirá se proyecta como un referente global de turismo sostenible. Su capacidad para integrar conservación ambiental, desarrollo económico, cultura viva y experiencia turística la convierte en un modelo replicable a nivel internacional. Más que un destino, es una lección sobre cómo el turismo puede honrar la tierra, la historia y a las comunidades que la habitan.