La casa de las brujas: El misterioso lugar donde vivió ‘Pachita’

La casa de las brujas: El misterioso lugar donde vivió 'Pachita'

La Casa de las Brujas, ubicada entre las calles Durango y Orizaba, en la colonia Roma de la Ciudad de México, es conocida por su conexión con Bárbara Guerrero, más conocida como Pachita. Esta curandera, que se hizo famosa en México en el siglo XX por sus rituales chamánicos, ha dejado una huella imborrable en la historia del país. Los relatos aseguran que la Casa de las Brujas no solo fue el lugar donde Pachita llevó a cabo sus célebres curaciones, sino también donde vivió y desarrolló su práctica mística.

Según las leyendas urbanas, el edificio parece estar impregnado de energías y presencias extrañas. A pesar de que Pachita falleció en 1979, quienes habitan cerca o dentro de la Casa aseguran que su espíritu todavía recorre los pasillos del edificio. La figura de la curandera sigue siendo el misterio que rodea esta construcción, dejando a los curiosos con más preguntas que respuestas sobre lo que sucedió en sus muros.

¿Dónde vivía Pachita? La conexión con la Casa de las Brujas

Pachita vivía en una zona conocida como La Raza, en la Ciudad de México. Sin embargo, la Casa de las Brujas, ubicada en la colonia Roma, fue el lugar donde recibía a sus clientes. Era conocida por su amistad con un promotor artístico que vivía en este inmueble, lo que permitió que Pachita se estableciera ahí para llevar a cabo sus rituales espirituales. Muchos de estos ritos involucraban la conexión con fuerzas sobrenaturales, lo que le dio la fama de ser una chamana poderosa en la región.

Lo que parecía ser un edificio normal para algunos, pronto se transformó en un lugar de culto para aquellos que buscaban la ayuda de Pachita. El ambiente de la Casa de las Brujas estaba cargado de misterio y, con el tiempo, la presencia de la curandera se convirtió en parte esencial del folklore mexicano.


El cuarto de Pachita: El lugar sellado por el misterio

Uno de los aspectos más fascinantes de la Casa de las Brujas es el cuarto de Pachita. Se dice que este espacio, que la curandera utilizaba para llevar a cabo sus rituales, permanece bajo llave hasta el día de hoy. El misterio que rodea a este cuarto ha dado lugar a diversas leyendas. Vecinos y residentes aseguran que en ese lugar aún se pueden escuchar canticos y rituales que recuerdan a los de la famosa chamana.

El hecho de que este cuarto siga cerrado, sin posibilidad de acceso para nadie, ha alimentado la idea de que la energía de Pachita persiste en el lugar. Además, se dice que el ambiente tenso y extraño que se siente dentro del edificio se debe a las fuerzas que ella convocaba durante sus prácticas.

La Casa de las Brujas: un edificio con historia

La Casa de las Brujas no es solo famosa por su conexión con Pachita, sino también por su impresionante arquitectura. Fue construida en 1908 por orden del entonces presidente Porfirio Díaz, como parte de las celebraciones del centenario de la Independencia de México. En un inicio, el edificio estaba destinado a ser un hotel de lujo. Sin embargo, con el tiempo, fue transformado en un inmueble con departamentos de alto nivel, lo que lo convirtió en un lugar exclusivo en la ciudad.

En 1942, el arquitecto mexicano Francisco J. Serrano se encargó de remodelar el interior del edificio, dándole un estilo art déco. Esta transformación hizo que la Casa de las Brujas tuviera un contraste entre su fachada ecléctica y su interior moderno, lo que la convirtió en un punto de interés arquitectónico en la zona. De hecho, fue durante los años 40 cuando el edificio adquirió su apodo, gracias a los niños del barrio que, al ver el techo con forma de sombrero de bruja y los arcos que simulaban ojos, comenzaron a llamarla Casa de las Brujas.


La conexión de Pachita con el misterio y el esoterismo

Pachita, conocida por sus habilidades de curación y sus rituales, se vinculó con el esoterismo y la medicina alternativa. Se decía que tenía el poder de realizar cirugías espirituales, y que era capaz de contactar con los espíritus para obtener sabiduría y sanación. En muchos de sus rituales, utilizaba elementos como velas, hierbas y amuletos, en lo que se interpretaba como una mezcla de chamanismo, espiritismo y medicina indígena.

La Casa de las Brujas se convirtió en un santuario para aquellos que buscaban respuestas, alivio o protección, y la figura de Pachita se consolidó como un símbolo de la conexión entre el mundo material y el espiritual.

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