¿Obesidad por comer más o moverse menos? Un estudio resuelve el dilema

Desde los años 80, la imagen del mundo desarrollado ha cambiado: pantallas por todos lados, trabajos de oficina y menos movimiento. La narrativa parecía clara: el sedentarismo nos estaba engordando. Pero un estudio internacional, liderado por la Universidad de Duke y publicado en PNAS, desafía esa creencia con evidencia contundente. ¿La verdadera razón detrás de la epidemia de obesidad? No es que nos movamos menos, sino que comemos más.

La obesidad crece, pero no por falta de movimiento

Más de la mitad de los adultos en España tienen exceso de peso, y un 16 % ya padece obesidad. Aunque esta tendencia se ha estabilizado en algunos grupos, sigue en aumento en niños y jóvenes. En el debate sobre causas, el sedentarismo siempre ha estado en el centro. Sin embargo, este nuevo estudio analizó a más de 4,200 adultos de 34 poblaciones distintas, desde cazadores-recolectores hasta habitantes de grandes urbes modernas.

Los resultados fueron sorprendentes: el gasto energético diario, ajustado por tamaño corporal, se mantiene estable en todas las culturas, incluso en las más industrializadas. Es decir, las personas en países desarrollados siguen gastando energía de forma similar a quienes llevan estilos de vida tradicionales.

Comer más, no moverse menos

La clave está en la ingesta calórica. Amanda McGrosky, autora principal, explicó que los cambios en la dieta son los que impulsan el aumento de grasa corporal, no la reducción de actividad física. Herman Pontzer, director del estudio, fue tajante: “Es evidente que los cambios en la dieta, y no la reducción de la actividad, son la principal causa de la obesidad”.

Esto no quiere decir que el ejercicio no importe. De hecho, los investigadores subrayan que dieta y actividad física no deben verse como opuestos, sino como aliados complementarios para una vida saludable.

¿Y ahora qué?

El próximo objetivo del equipo será identificar con precisión qué elementos de las dietas modernas (como los ultraprocesados o el exceso de azúcares) están más vinculados con el aumento de grasa corporal. Sus conclusiones buscan influir en políticas de salud pública más realistas, enfocadas no solo en promover la actividad física, sino también en transformar los hábitos alimenticios desde la raíz.

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