Las olas de frío no solo congelan las calles. También congelan funciones vitales. Durante el último invierno, Marta, de 68 años, empezó a sentir un zumbido persistente en los oídos, fatiga constante y temblores. Lo atribuyó a la edad… hasta que un neurólogo le explicó que el frío extremo estaba afectando su sistema nervioso.
Y es que cuando el termómetro baja, el cuerpo entra en modo alerta. Según expertos del Instituto de Neurología Buenos Aires, el frío puede generar vasoconstricción cerebral, afectar la concentración, provocar dolor muscular y elevar el riesgo de ACV.
Cómo reacciona el cuerpo al frío extremo
El hipotálamo, una pequeña región del cerebro, actúa como termostato. Recibe señales del entorno y pone en marcha mecanismos de defensa: temblores musculares, vasoconstricción, liberación hormonal y cambios de conducta (buscar abrigo, comer más, moverse poco).
Pero si el frío es intenso y prolongado, el organismo paga un precio. El sistema cardiovascular sufre sobrecargas. Se eleva la presión arterial y, en personas con factores de riesgo, aumenta el peligro de infartos o ACV.
Efectos del frío en el cerebro y los nervios
El neurólogo Alejandro Andersson alerta: «El frío puede enlentecer procesos cognitivos, provocar mareos, dolor de cabeza y sensación de mente nublada».
En personas con condiciones neurológicas preexistentes, como Parkinson o esclerosis múltiple, el frío puede agravar los síntomas. También se intensifican neuralgias como la del trigémino, generando dolor intenso con solo exponerse al viento.
Músculos rígidos y nervios congelados
A nivel muscular, las bajas temperaturas reducen la elasticidad, provocando contracturas dolorosas, calambres y riesgo de lesiones. Las extremidades son las más afectadas: manos y pies pueden experimentar hormigueo, entumecimiento y sensación de congelamiento, especialmente en personas con neuropatías como la diabetes.
Corazón bajo presión: riesgo de ACV e infarto
El doctor Miguel González, cardiólogo del Sanatorio Finochietto, explica que el frío genera una tormenta silenciosa: presión arterial elevada, sangre más espesa y sobrecarga cardíaca. Todo esto puede desencadenar accidentes cerebrovasculares, arritmias o incluso paros cardíacos, sobre todo en adultos mayores.
Además, el aislamiento social y la falta de luz solar durante el invierno pueden agravar cuadros de depresión, insomnio o ansiedad, afectando la salud emocional y cognitiva.
Cómo protegerte del frío: recomendaciones clave
1. Vestimenta adecuada
Usa ropa térmica en capas. Protege especialmente cabeza, cuello, orejas y manos.
2. Movimiento diario
Haz actividad física moderada: mejora la circulación y genera calor corporal.
3. Evita cambios bruscos de temperatura
Al salir, abrígate bien. No pases de ambientes calefaccionados al frío sin protección.
4. Cuida tu corazón
Controla tu presión arterial, evita el tabaco, reduce el estrés y sigue tu medicación al pie de la letra.
5. Vitamina D y vacunación
Suplementa si hay poca luz solar. No olvides la vacuna antigripal y antineumocócica, sobre todo si tienes más de 65 años o enfermedades crónicas.
El frío también afecta el ánimo: no lo ignores
Trastornos como el trastorno afectivo estacional (TAE) se presentan con más frecuencia en invierno. Irritabilidad, fatiga, insomnio y apatía pueden ser señales de alerta. Consultar con un profesional es clave para prevenir que el malestar se cronifique.
