Magnesio, Omega-3 y vitamina D: entre la moda y la necesidad médica
En los últimos años, los estantes de farmacias y tiendas de productos naturales se han llenado de frascos con magnesio, Omega-3, vitamina D y colágeno, impulsando el boom de los suplementos nutricionales como parte de la rutina diaria de millones de personas. Influencers, deportistas y hasta médicos aparecen recomendando algún suplemento, mientras crece la idea de que “todos necesitamos” complementar nuestra dieta. Pero, ¿es realmente así?
Según la Asociación Americana de Dietética, el primer paso siempre debe ser evaluar la alimentación y, de ser necesario, ajustar la dieta antes de recurrir a suplementos. Los expertos insisten en que una dieta variada y balanceada suele cubrir los requerimientos de la mayoría de los nutrientes.
¿Cuándo sí se recomienda tomar suplementos?
Los especialistas coinciden en que los suplementos son útiles para corregir deficiencias diagnosticadas, no para reemplazar una alimentación saludable. Entre los casos más comunes donde se recomienda su uso están:
- Déficit de vitamina D, frecuente en adultos mayores o personas con poca exposición solar, ya que este nutriente es clave para la salud ósea y el sistema inmune.
- Falta de hierro, en especial en mujeres con menstruaciones abundantes, personas con dietas vegetarianas o veganas que no planifican adecuadamente su ingesta de hierro vegetal.
- Omega-3, recomendado para quienes no consumen pescado regularmente y presentan niveles altos de triglicéridos o riesgo cardiovascular.
- Ácido fólico, esencial en mujeres embarazadas para prevenir defectos del tubo neural en el bebé.
- Vitamina B12, suplementada en veganos estrictos, ya que este nutriente solo se encuentra de manera natural en alimentos de origen animal.
En todos estos casos, los suplementos deben ser indicados por un profesional de la salud tras exámenes clínicos que confirmen la carencia.
Los riesgos de automedicarse con suplementos
Aunque tomar vitaminas y minerales parece inofensivo, un consumo excesivo o innecesario puede tener consecuencias negativas. Por ejemplo, altas dosis de vitamina D pueden provocar hipercalcemia, dañando los riñones; el exceso de hierro puede causar problemas hepáticos; y un exceso de vitamina A puede ser tóxico para el hígado y generar alteraciones en la piel o visión.
El problema principal es que muchas personas combinan múltiples suplementos sin supervisión, lo que aumenta el riesgo de sobredosis, interacciones con medicamentos o absorción deficiente de otros nutrientes. Además, se ha detectado que algunos productos de venta libre, especialmente los comprados por internet, no cumplen con controles de calidad, presentando concentraciones inexactas o ingredientes no declarados.
¿No es mejor obtener los nutrientes de la alimentación?
Los especialistas coinciden en que la mejor manera de cubrir los requerimientos nutricionales es a través de una dieta balanceada y variada, rica en frutas, verduras, cereales integrales, legumbres, proteínas magras y grasas saludables. Los alimentos no solo aportan nutrientes aislados, sino que incluyen compuestos bioactivos como antioxidantes y fibra, que trabajan en conjunto para proteger la salud.
Además, la biodisponibilidad —es decir, la capacidad de nuestro cuerpo para absorber y utilizar los nutrientes— suele ser mayor cuando provienen de alimentos frescos. Por ejemplo, la vitamina C de un cítrico se absorbe mejor que la de un comprimido, y el hierro de las carnes se aprovecha más eficientemente que el de un suplemento vegetal, salvo en casos de deficiencias específicas.
Consejos para un uso responsable de suplementos
Para quienes necesitan tomar suplementos, los expertos recomiendan:
- Realizar un chequeo médico previo para evaluar necesidades reales.
- Elegir productos avalados por organismos de salud reconocidos, evitando marcas dudosas o sin registro sanitario.
- Seguir las dosis indicadas, evitando “megadosis” que prometen efectos rápidos.
- Recordar que los suplementos no reemplazan una alimentación equilibrada ni un estilo de vida saludable que incluya ejercicio, descanso y control del estrés.
El boom de los suplementos refleja la creciente preocupación por la salud y el deseo de optimizar el rendimiento físico y mental. Sin embargo, la idea de que “todos necesitamos suplementarnos” es un mito que puede traer más riesgos que beneficios si se actúa sin asesoramiento profesional. Priorizar una dieta balanceada, conocer las necesidades específicas de cada persona y usar los suplementos solo cuando son realmente necesarios son claves para cuidar la salud de forma efectiva y segura.
