Cómo alimentarte para proteger tus músculos después de los 60 años

Cómo alimentarte para proteger tus músculos después de los 60 años
Cómo alimentarte para proteger tus músculos después de los 60 años

A los 68 años, Teresa comenzó a notar que subir las escaleras de su casa se volvía cada vez más difícil. Sentía que perdía fuerza, a pesar de mantenerse activa. Al consultar con una nutricionista, descubrió que no solo el ejercicio importa para conservar la masa muscular: su alimentación era insuficiente en proteína, fibra y micronutrientes clave.

Teresa no es un caso aislado. Según datos del National Health and Nutrition Examination Survey, más del 40% de los adultos mayores no consumen la cantidad mínima recomendada de proteína. Esta deficiencia alimentaria contribuye a la sarcopenia, una pérdida progresiva de masa y fuerza muscular que afecta la calidad de vida.

¿Qué es la sarcopenia y por qué debemos prevenirla?

La sarcopenia es un proceso natural del envejecimiento, pero no es irreversible. Afecta la movilidad, el equilibrio y aumenta el riesgo de caídas y hospitalizaciones. Según investigaciones, una combinación de nutrición adecuada, actividad física regular y suplementación estratégica puede frenar e incluso revertir este deterioro muscular.

La proteína, el pilar de la masa muscular

La proteína es esencial para construir y mantener los músculos. Mientras las guías estándar sugieren 0,36 g por libra de peso corporal al día, los expertos recomiendan hasta 0,59 g para adultos mayores.

Para una persona de 72 kg, eso equivale a entre 72 y 94 gramos de proteína diaria. ¿Qué alimentos ayudan a cumplir esta meta?

  • 3 oz de pollo o carne: 24 g
  • Yogur griego (5,5 oz): 16 g
  • Lentejas o edamame (1 taza): 18 g
  • Cacahuates (1 oz): 7 g
  • Tofu (1 taza): 20 g

Tanto fuentes animales como vegetales pueden cumplir este rol si se combinan correctamente.

Calorías, carbohidratos y fibra: energía para tus músculos

El cuerpo necesita energía para mantener músculo. Consumir menos calorías de las necesarias obliga al organismo a usar tejido muscular como combustible. Lo ideal es una dieta de 1,800 a 2,400 calorías diarias, dependiendo del nivel de actividad.

Los carbohidratos complejos y la fibra no solo brindan energía sostenida, también alimentan bacterias intestinales que producen ácidos grasos beneficiosos para el músculo.

Fuentes recomendadas:

  • Granos integrales
  • Legumbres
  • Frutas y verduras frescas

Vitamina D, omega-3 y creatina: aliados invisibles

  • Vitamina D: contribuye a la función muscular. Se recomienda consumir 800 UI al día.
  • Omega-3: presente en pescados grasos como salmón y sardinas, ayuda a conservar la fuerza muscular.
  • Creatina: suplemento respaldado por evidencia científica para adultos mayores. Mejora la fuerza y reduce el riesgo de caídas cuando se combina con ejercicio.

Hidratación: el músculo también necesita agua

El músculo está compuesto por un 75% de agua. La deshidratación afecta directamente la fuerza y la movilidad. Beber agua, infusiones, sopas y consumir frutas con alto contenido líquido es clave para mantener la funcionalidad muscular.

Ejercicio y alimentación: la dupla infalible

Nada reemplaza al movimiento. Actividades como caminar, sentadillas con silla o flexiones contra la pared estimulan el músculo. Y según estudios, ingerir proteína poco después del ejercicio maximiza la síntesis muscular. Una merienda con yogur griego, batido proteico o hummus post-entrenamiento puede marcar la diferencia.

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