En un rincón olvidado de la Amazonía, Juana, madre de tres, notó algo distinto este verano: los mosquitos no se iban y su hija menor cayó con fiebre. Era dengue. Y no estaba sola. Como Juana, miles de familias en América Latina sienten los efectos del cambio climático en su piel, sus pulmones… y sus vidas.
El cambio climático ya no es una amenaza futura: es una crisis presente. Las olas de calor son más frecuentes, la contaminación más asfixiante y los brotes de enfermedades infecciosas, más comunes. ¿Estamos preparados para esta nueva era?
Olas de calor: un asesino silencioso
En ciudades como Buenos Aires, Bogotá o Ciudad de México, las temperaturas alcanzan récords que no solo incomodan: matan. Los golpes de calor, la deshidratación y el agravamiento de enfermedades crónicas ya son parte del día a día, sobre todo entre niños, adultos mayores y personas en situación de pobreza.
“Las olas de calor extremas son una amenaza directa para la salud pública. No es solo calor, es mortal”, advierte un informe firmado por 60 organizaciones médicas y ambientales de la región.
Aire contaminado, pulmones vulnerables
El cambio climático también empeora la calidad del aire. En ciudades congestionadas, los gases y partículas contaminantes quedan atrapados, agravando enfermedades respiratorias y cardiovasculares. “Cada año, la contaminación atmosférica causa miles de muertes prematuras en zonas urbanas”, indica la declaración.
Enfermedades tropicales al acecho
Con las lluvias, las inundaciones y el desborde de ríos, llegan nuevos enemigos: mosquitos que transmiten enfermedades como dengue, zika o chikungunya, que ahora se expanden a zonas antes templadas. Las tormentas extremas también contaminan fuentes de agua, elevando el riesgo de diarreas e infecciones gastrointestinales.
Hambre y desnutrición: la otra cara del clima
Las sequías prolongadas y las lluvias intensas destruyen cultivos y encarecen los alimentos. Resultado: inseguridad alimentaria, sobre todo en comunidades rurales y pueblos indígenas. “Hay una amenaza creciente sobre la nutrición infantil en la región”, afirma Milena Sergeeva, de la Alianza Global por el Clima y la Salud.
Recomendaciones urgentes para salvar vidas
Frente a este escenario, el colectivo de organizaciones propone:
- Integrar la salud en las políticas climáticas: desde las NDC hasta la adaptación al riesgo.
- Fortalecer el primer nivel de atención sanitaria, especialmente en zonas remotas.
- Capacitar hospitales y personal para crisis climáticas: olas de calor, inundaciones, nuevos virus.
- Incluir a sectores vulnerables en las decisiones: pueblos indígenas, mujeres, infancia.
- Aumentar la financiación climática para salud: proyectos que cuiden el planeta y las personas.
- Invertir en sistemas de alerta temprana y resiliencia comunitaria.
