Un tercio de los niños ya no juega al aire libre tras la escuela

Un tercio de los niños ya no juega al aire libre tras la escuela
Un tercio de los niños ya no juega al aire libre tras la escuela

Las calles que antes eran un hervidero de risas, bicicletas y pelotas, hoy permanecen en silencio. Cada vez más, la infancia se encierra. Un reciente estudio en Reino Unido confirma una tendencia global: uno de cada tres niños ya no juega al aire libre tras salir del colegio, y uno de cada cinco tampoco lo hace en fines de semana.

La vida urbana, las pantallas y la falta de espacios seguros están moldeando una niñez distinta, marcada por el encierro y la desconexión con el entorno.

Los hallazgos del estudio

La investigación de la Universidad de Exeter, realizada en Bradford y publicada en la revista Wellbeing, Space and Society, mostró que el 34% de los niños de 7 a 12 años no sale a jugar después de clase. El 20% tampoco juega los fines de semana.

El doctor Mark Ferguson, líder del estudio, advierte que esta carencia impacta no solo en el cuerpo, sino en la mente:

“La falta de juegos al aire libre se asocia con obesidad, ansiedad y depresión”.

Más que entretenimiento: un pilar del desarrollo infantil

El juego libre en la calle o en plazas no es un simple pasatiempo. Es un recurso vital para el desarrollo socioemocional. El estudio reveló que los niños que pasan más tiempo jugando afuera presentan mejor regulación emocional, mayor capacidad para resolver conflictos y mejores vínculos sociales.

UNICEF y la Organización Mundial de la Salud coinciden: el juego diario tras la escuela refuerza la autonomía, la autoestima y la resiliencia de los menores frente a entornos urbanos desafiantes.

La paradoja de los parques formales

Un dato curioso del estudio es que las visitas a parques estructurados no tienen el mismo impacto que el juego cotidiano en el barrio. La explicación es sencilla: lo espontáneo y cercano fomenta más creatividad, cooperación y sentido de comunidad que las actividades programadas.

La profesora Rosie McEachan, directora del programa Born in Bradford, enfatiza:

“Necesitamos ciudades que devuelvan las calles a la infancia. Espacios libres de tráfico y contaminación para que los niños redescubran la libertad de jugar”.

Un derecho por conquistar en las ciudades modernas

El fenómeno es global y se intensifica en familias vulnerables y de minorías étnicas. No basta con tener áreas verdes: la seguridad, la confianza en el barrio y la cultura urbana son determinantes.

Las cifras hablan de un desafío ineludible: garantizar que cada niño pueda salir de casa y jugar sin miedo, como parte de un derecho urbano básico. En un mundo marcado por la tecnología y el aislamiento, recuperar el juego al aire libre no solo es nostalgia: es salud, desarrollo y futuro.

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