Durante años, Mayra pensó que estaba exagerando. Su fatiga constante, la caída de cabello, los cambios de humor y la ansiedad fueron interpretados —por médicos y familiares— como consecuencias del estrés o el ritmo acelerado de la vida. Pasaron cinco años hasta que, por insistencia de una amiga, se realizó un perfil tiroideo. El resultado fue claro: hipotiroidismo. “Sentí alivio por saber que no estaba loca, pero también rabia por todo lo que perdí por no haberlo sabido antes”, recuerda.
Historias como la de Mayra son frecuentes, pero poco visibilizadas. El Día Mundial de la Tiroides, que se conmemora cada 25 de mayo, suele enfocarse en explicar qué es esta glándula, cuáles son sus funciones y qué enfermedades pueden afectarla. Sin embargo, poco se habla de los años de incertidumbre, desgaste y dolor que muchas personas enfrentan antes de recibir un diagnóstico correcto.
Una glándula pequeña, un problema enorme
La tiroides regula funciones esenciales: metabolismo, temperatura corporal, ritmo cardiaco, energía y estado de ánimo. Cuando deja de funcionar correctamente —por exceso o por defecto de hormonas— se manifiestan síntomas que pueden confundirse fácilmente con otros padecimientos o con etapas normales de la vida, como la adolescencia, el posparto o la menopausia.
Es común que el hipotiroidismo se manifieste de forma gradual. Los primeros signos son sutiles: cansancio, tristeza, problemas de concentración. Después llegan el aumento de peso sin causa aparente, el estreñimiento, los ciclos menstruales irregulares, la infertilidad. Pero como estos síntomas son inespecíficos, muchas personas no son referidas a análisis clínicos adecuados, o reciben tratamientos parciales: antidepresivos, suplementos, consejos para relajarse.
El sesgo de género en el diagnóstico
Las enfermedades tiroideas afectan más a las mujeres: se estima que, por cada 10 personas con hipotiroidismo, 8 son mujeres. Sin embargo, ese predominio no se traduce en mayor vigilancia médica. Por el contrario, estudios han señalado que existe un sesgo de género en la atención médica: las quejas físicas femeninas son más propensas a ser atribuidas a causas psicológicas o emocionales.
Cecilia, de 34 años, acudió con tres médicos distintos en un lapso de dos años. Uno le recetó ansiolíticos. Otro le dijo que “era normal sentirse así siendo mamá”. El tercero fue quien, al escuchar la lista completa de síntomas, pidió una prueba de TSH. “Nunca se me ocurrió que podía ser algo físico”, confiesa.
El retraso en el diagnóstico de un trastorno tiroideo no solo afecta la salud física. También puede deteriorar la vida social, familiar y profesional. Personas que no pueden concentrarse, que sienten fatiga permanente, que luchan con su peso sin entender por qué, suelen ser juzgadas, minimizadas o excluidas.
Estudios médicos estiman que un diagnóstico tardío de hipotiroidismo puede reducir la calidad de vida en un 30% durante los primeros años sin tratamiento. Además, puede desencadenar trastornos como depresión, pérdida de productividad laboral y afectaciones en la fertilidad femenina.
¿Por qué cuesta tanto detectar un trastorno tiroideo?
A pesar de ser fáciles de detectar con una simple prueba de sangre (TSH, T3 y T4), los trastornos de tiroides no forman parte de los chequeos generales que se realizan en la mayoría de las instituciones de salud. Tampoco hay campañas amplias de información ni protocolos obligatorios para mujeres en etapas vulnerables como el embarazo, el posparto o la menopausia.
Otro factor es el desconocimiento de los propios pacientes. Pocas personas asocian su cansancio, piel reseca o pérdida de libido con un problema endocrino. En muchos casos, el autodiagnóstico erróneo (“seguro es estrés”) retrasa la búsqueda de ayuda especializada.
Un diagnóstico cambia la vida
“Empecé el tratamiento con levotiroxina y en cuestión de semanas sentí la diferencia. No fue inmediato, pero mi mente volvió a funcionar y mi cuerpo empezó a responder”, dice Mayra. Hoy, comparte su experiencia en grupos de apoyo y también en redes sociales con un mensaje claro: “Insistan. Si sienten que algo no está bien, háganse escuchar”.
La historia de quienes han vivido años en la sombra de un diagnóstico no debería repetirse. Aumentar la conciencia pública, formar mejor al personal médico general y normalizar el acceso a pruebas hormonales podría ser el primer paso para evitar que más vidas se detengan por una tiroides invisible.
RECOMENDACIONES PARA CUIDAR TU SALUD TIROIDEA:
• Escucha tu cuerpo: si tienes síntomas persistentes como fatiga, cambios de ánimo, pérdida de cabello o alteraciones menstruales, no los ignores.
• Solicita una prueba tiroidea: un simple análisis de TSH puede dar muchas respuestas. Consulta con tu médico.
• Infórmate y comparte: hablar del tema ayuda a que más personas puedan sospechar a tiempo.
• No normalices el malestar: sentirte mal de manera constante no debe considerarse “parte de la vida”.
• Acompaña con empatía: si conoces a alguien que pasa por esto, escúchale sin juzgar. Un diagnóstico puede tomar años.
PREVALENCIA DE TRASTORNOS TIROIDEOS EN MÉXICO
• Hipotiroidismo clínico y subclínico: Afecta aproximadamente al 8.7% de los adultos mexicanos, lo que equivale a cerca de 5.1 millones de personas. La prevalencia es mayor en mujeres y en personas con sobrepeso.
• Hipotiroidismo subclínico: Se estima que afecta al 10% de la población mexicana.
• Hipertiroidismo: Tiene una prevalencia menor, afectando a menos del 1% de la población.
• Trastornos tiroideos en general: Según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición, el 5.8% de los mexicanos presenta algún trastorno tiroideo. En estados como Veracruz, Tlaxcala y Morelos, la prevalencia de hipotiroidismo alcanza el 11.6%.
• Diagnóstico tardío: Hasta el 60% de las personas con enfermedades tiroideas desconocen su condición, lo que puede afectar su calidad de vida.
• Prevalencia: El cáncer de tiroides representa la tercera neoplasia más frecuente en incidencia en la población general y en mujeres adultas en México.
• Supervivencia: La mayoría de los pacientes con cáncer de tiroides alcanzan una tasa de supervivencia superior al 90% a diez años.
