Sheinbaum defiende veto a dulces en escuelas y desata debate nacional

Sheinbaum mantiene el veto a dulces en escuelas ante el aumento de enfermedades crónicas y presenta resultados clave de sus programas de salud preventiva.

Sheinbaum defiende veto a dulces en escuelas y desata debate nacional
Sheinbaum defiende veto a dulces en escuelas y desata debate nacional

Sheinbaum defiende su política de salud escolar en medio de protestas juveniles

La mañana avanzaba entre el bullicio característico de Palacio Nacional cuando Claudia Sheinbaum retomó uno de los temas más polémicos de su administración: la restricción de dulces y bebidas azucaradas en planteles educativos. Aunque en apariencia se trata de una medida menor, su impacto emocional ha sido profundo, especialmente entre jóvenes que han encontrado en los “cartelitos” su forma más creativa de protesta.

La presidenta relató, entre risas, que cada visita a una escuela es acompañada por una coreografía de pancartas con la frase: “¡No Claudia, regresa los dulces!”. La escena se repite una y otra vez como una especie de ritual estudiantil. Y aun así, Sheinbaum asegura comprender la molestia, pero también defender sin titubeos la decisión por motivos de salud pública.

En su explicación, la mandataria adoptó un tono que calificó como “de mamá o tía”, recordando que el consumo excesivo de azúcar tiene efectos nocivos especialmente en niños y adolescentes. Dijo que la intención no es castigar ni demonizar los antojos, sino construir un entorno escolar que proteja la salud desde edades tempranas.

La estrategia preventiva que impulsa el gobierno federal

Sheinbaum adelantó que en los próximos días se presentarán los resultados del Programa Salud Casa por Casa, una iniciativa que ha recorrido miles de hogares para detectar casos de diabetes e hipertensión. La presidenta destacó que estas acciones no son aisladas, sino parte de una política pública integral que busca frenar el avance de enfermedades crónicas relacionadas con la mala alimentación.

En paralelo, reveló que se trabaja en la consolidación del Programa Vive Saludable, Vive Feliz, una propuesta que pretende reforzar la prevención mediante educación nutricional y actividades orientadas al bienestar físico y emocional. Para Sheinbaum, ambas estrategias tienen un objetivo común: atacar el problema antes de que avance, no cuando ya es demasiado tarde.

Dulces sí, pero con medida: la postura oficial

La presidenta reiteró que el gobierno federal no pretende prohibir por completo el consumo de bebidas o alimentos azucarados. Su mensaje fue claro: la medida en escuelas busca limitar el acceso constante a productos que, en exceso, generan riesgos difíciles de revertir. Insistió en que la acción es preventiva y que su objetivo no es privar a nadie de un gusto ocasional, sino evitar que la excepción se convierta en hábito.

Sheinbaum enfatizó que incluso el concepto de “alimento” es debatible cuando se trata de productos cuya fórmula contiene más aditivos y azúcar que nutrientes reales. Para ella, señalar estos riesgos es parte de la responsabilidad del Estado en un país donde las tasas de obesidad y diabetes se han disparado durante décadas.

La inconformidad estudiantil y el debate que crece en el país

A pesar de sus argumentos, las protestas de jóvenes continúan creciendo en diversos estados. En eventos públicos, algunos estudiantes han aprovechado la presencia presidencial para expresar su desacuerdo y exigir el regreso de los dulces. Aunque las manifestaciones suelen tener un tono humorístico, también reflejan la resistencia natural a los cambios que afectan costumbres profundamente arraigadas.

El gobierno federal, por su parte, sostiene que estas restricciones son necesarias para mejorar las condiciones de salud desde edades tempranas y evitar que futuros adultos carguen con enfermedades prevenibles. El debate sigue abierto, y la medida, lejos de diluirse, se ha convertido en un símbolo de la nueva política de salud del país.

Un cambio cultural que apenas comienza

Más allá de las protestas y el furor mediático, lo que Sheinbaum ha puesto sobre la mesa es un cambio cultural que no se construye de un día para otro. La transición hacia hábitos más saludables implica educación, paciencia y una narrativa que logre conectar con las generaciones más jóvenes sin imponer desde la rigidez.

En este contexto, la anécdota de los “cartelitos” no solo ilustra el descontento juvenil, sino la oportunidad de abrir una conversación más profunda sobre el papel de las escuelas como espacios de formación integral. En cada protesta hay una puerta para el diálogo, y en cada risa compartida, una posibilidad de construir conciencia colectiva.

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