¿Qué hacemos con los pensamientos incorrectos? Reflexiones sobre libertad y censura

pensamiento incorrecto

En algún rincón de nuestra mente, todos hemos albergado pensamientos incorrectos: ideas torcidas, moralmente dudosas, que nos hacen cuestionar nuestra posición en la sociedad. Y aunque muchos buscan suprimirlos en nombre de la corrección política, estos pensamientos son, paradójicamente, esenciales para la creatividad y el progreso.

Este artículo reflexiona sobre el papel de las ideas «inapropiadas» en la cultura, así como su relación con la censura contemporánea y cómo debemos abordarlas en una sociedad cada vez más polarizada.

¿Qué son los pensamientos incorrectos?

La noción de lo «incorrecto» no es universal, varía con el tiempo y el contexto. Según Jean Corominas, la palabra «pervertido» deriva de la idea de «torcer» o «dar vueltas». Siguiendo esta lógica, un pensamiento incorrecto no es más que una idea que se sale del molde, que desafía las normas establecidas.

Ejemplos históricos:

  • Charles Baudelaire, con Las flores del mal, desafiaba las convenciones literarias y sociales de su época.
  • Walter Benjamin veía en Baudelaire un héroe de la modernidad, no por su conformidad, sino por su valentía para explorar lo marginal.

La corrección política como espada de doble filo

En la sociedad contemporánea, los ejércitos de la corrección política buscan erradicar aquello que consideran inapropiado. Aunque sus intenciones suelen ser nobles, como combatir el racismo, el machismo o la discriminación, el exceso puede convertirse en censura.

Riesgos de la corrección política extrema:

  1. Supresión de la creatividad: Al temer ser juzgados, los artistas y pensadores podrían evitar temas controversiales, limitando su potencial.
  2. Desmemoria histórica: La obsesión por borrar lo incorrecto puede llevarnos a olvidar lecciones importantes del pasado.
  3. Exhibicionismo moral: Muchas veces, las acciones de corrección son más performativas que transformadoras.

¿Cómo manejar los pensamientos incorrectos?

En lugar de censurar las ideas «torcidas», debemos aprender a dialogar con ellas. Como sugería Jean-François Lyotard, los pensamientos son como nubes: cambian, se retuercen y ofrecen nuevas perspectivas si se observan con atención.

Estrategias para convivir con lo incorrecto:

  • Fomentar el diálogo: Crear espacios donde las ideas se discutan sin miedo a la condena.
  • Definir límites éticos claros: Diferenciar entre ideas y acciones; lo que pensamos no siempre debe convertirse en realidad.
  • Valorar el arte del debate: En lugar de imponer monólogos enfrentados, buscar un entendimiento mutuo.

Pensamientos incorrectos que transformaron el mundo

La historia está llena de ejemplos de cómo ideas consideradas incorrectas en su tiempo se convirtieron en motores de cambio:

  • Galileo Galilei, acusado de herejía por sugerir que la Tierra no era el centro del universo.
  • Virginia Woolf, cuyas obras desafiaron las normas de género y sexualidad de su época.
  • George Orwell, que usó la ficción para criticar los excesos del poder y la censura.

El arte como refugio de lo incorrecto

El arte siempre ha sido un terreno fértil que permite explorar lo marginal, lo oscuro, lo prohibido. Obras como Las flores del mal de Baudelaire no solo sobrevivieron a la censura, sino que se convirtieron en símbolos de resistencia y creatividad.

¿Por qué es importante preservar el arte incorrecto?

  • Ofrece una ventana a los miedos, deseos y contradicciones de la humanidad.
  • Nos obliga a cuestionar las normas sociales y expandir nuestra perspectiva.
  • Es un recordatorio de que la belleza puede surgir de los rincones más oscuros de nuestra mente.

La importancia de pensar incorrectamente

En un mundo donde la corrección política y la censura están en constante tensión, los pensamientos incorrectos son más necesarios que nunca. No para justificar el daño, sino para fomentar el cuestionamiento, la creatividad y el progreso.

Como miembros de una sociedad pensante, debemos aprender a distinguir entre ideas y acciones, entendiendo que no todo lo que pensamos debe convertirse en realidad, pero que tampoco debería ser borrado. Después de todo, la libertad de pensamiento es el primer paso hacia la verdadera libertad.

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