Por qué es tan difícil bajar el consumo de azúcar: estrategias clave para proteger la salud infantil


Si alguien colocara ocho cucharaditas de azúcar en fila y se las diera a un niño antes de ir a la escuela, nadie lo permitiría. Sin embargo, eso es lo que muchas familias hacen cada mañana, sin saberlo, cuando ofrecen un vaso de leche chocolatada con cereales azucarados o incluyen en la mochila un jugo procesado. En las últimas décadas, la industria alimentaria ha sumado azúcar a casi todo: yogures, panes, sopas instantáneas, galletitas, bebidas energéticas, aguas saborizadas y más. Esto ha llevado a que los niños consuman mucho más de lo que su cuerpo está preparado para procesar.

Según especialistas como Lucía Calogero, health coach en nutrición, y Sofía Garay, médica endocrinóloga y especialista en obesidad, el problema radica en que el azúcar se encuentra oculto en productos que los padres no consideran dulces. Por eso, reducir el consumo de azúcar en la infancia es uno de los mayores desafíos de la alimentación saludable, y requiere tanto conocimiento como estrategias prácticas.

Un gusto que evolutivamente era raro, hoy está en todos lados

El gusto por lo dulce acompaña a la humanidad desde tiempos ancestrales. Durante miles de años, la azúcar solo se encontraba de forma limitada: en frutas de estación o en la miel, difícil de conseguir. Como explicó el pediatra Robert Lustig en un artículo en Nature, “la naturaleza hizo que el azúcar fuera difícil de conseguir; el hombre, en cambio, lo facilitó”. Hoy, gracias a la industrialización de los alimentos, el consumo de azúcar se ha triplicado en medio siglo, y su presencia en la dieta infantil es casi imposible de evitar.

Este cambio en el acceso al azúcar es parte del problema: el cuerpo humano evolucionó para aprovechar al máximo la energía que ofrece lo dulce cuando era escasa. Ahora, al estar disponible en exceso, nuestro sistema recompensa el sabor dulce con una liberación de dopamina que fomenta su consumo repetido, generando un círculo difícil de romper.

Impacto del azúcar en los primeros años de vida

Uno de los hallazgos más reveladores proviene de un estudio que analizó la salud de personas nacidas en el Reino Unido durante el racionamiento de alimentos de la Segunda Guerra Mundial. Los niños expuestos a dietas bajas en azúcar en los primeros dos años de vida tuvieron 35% menos riesgo de diabetes y 20% menos riesgo de hipertensión en la adultez. Además, quienes sí desarrollaron estas enfermedades lo hicieron años más tarde que aquellos que crecieron con consumo libre de azúcar.

Este estudio, publicado en la revista Science, refuerza la importancia de los primeros mil días de vida (desde la concepción hasta los dos años) como ventana crítica para establecer hábitos alimentarios y proteger la salud a largo plazo. Aunque la investigación tiene limitaciones —como el contexto histórico y geográfico—, aporta evidencia contundente sobre el impacto del azúcar en la salud futura.

¿Cuánto azúcar es demasiado para un niño?

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que los niños entre dos y 18 años no consuman más de 25 gramos de azúcar libre al día, lo que equivale a unas seis cucharaditas. Sin embargo, en la práctica, muchos niños superan ampliamente esta cantidad sin que sus familias se den cuenta, ya que el azúcar está presente en productos insospechados como panes lactales, yogures light, aderezos y snacks salados.

Como advierte la endocrinóloga Sofía Garay: “El azúcar refinada está en más productos de los que pensamos. Por eso, antes de comprar un alimento, es clave leer las etiquetas y revisar la lista de ingredientes”.

Estrategias para reducir el consumo de azúcar en familia

Para ayudar a los niños a consumir menos azúcar, los especialistas proponen varias estrategias prácticas:

  • Leer etiquetas: buscar palabras como jarabe de maíz, maltodextrina, dextrosa o fructosa, que indican presencia de azúcar agregada.
  • Priorizar alimentos frescos: frutas enteras, verduras, carnes, huevos, cereales integrales y legumbres son opciones sin azúcar oculta.
  • Evitar bebidas azucaradas: reemplazar jugos industrializados y gaseosas por agua o jugos naturales sin azúcar añadida.
  • Reducir progresivamente: bajar de a poco el azúcar que se agrega a bebidas y recetas permite que el paladar se adapte sin sentir un cambio brusco.
  • Educar con el ejemplo: los niños imitan lo que ven. Si los adultos reducen su propio consumo de azúcar, será más fácil que los pequeños adopten hábitos saludables.

El desafío de ver lo que el ojo no ve

El mayor obstáculo para reducir el consumo de azúcar en la infancia es que muchas veces está oculto y es difícil de identificar. Sin embargo, entender su presencia y sus efectos es el primer paso para proteger la salud presente y futura de los niños. Con pequeños cambios diarios, lectura consciente de etiquetas y la decisión de priorizar alimentos naturales, las familias pueden disminuir significativamente el azúcar en la dieta y ofrecer a sus hijos una base sólida para crecer sanos.


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