El anuncio del presidente electo Donald Trump de imponer aranceles del 25% a los productos de México y Canadá marcó un nuevo capítulo en la tensa relación comercial de la región. Esta medida, argumentada como respuesta al tráfico de drogas y la migración, recuerda las amenazas de 2019, cuando el gobierno mexicano enfrentó presiones similares.
La reacción de México fue rápida: la presidenta Claudia Sheinbaum envió una carta proponiendo cooperación en migración y tráfico de drogas, pero advirtió que a un arancel correspondería otro en respuesta. Sin embargo, la pregunta clave es si esta estrategia es suficiente para preservar la integridad del T-MEC y proteger los intereses económicos nacionales.
El T-MEC: una cancha en disputa
El T-MEC no solo es un acuerdo comercial; es un contrato que establece las reglas del juego entre los tres socios de América del Norte. La amenaza de aranceles viola directamente el capítulo 2 del tratado, que garantiza el comercio libre de restricciones unilaterales.
México puede invocar el artículo 31.2 del T-MEC para iniciar un proceso de solución de controversias. Este mecanismo permite cuestionar medidas que violen el acuerdo antes de que entren en vigor, sentando un precedente importante sobre el cumplimiento del tratado.
Las lecciones del pasado: ¿repetimos errores?
En 2019, cuando Trump lanzó amenazas similares, México evitó confrontaciones legales, enfocándose en cumplir las demandas migratorias de Estados Unidos. Esta vez, el escenario exige una estrategia diferente:
- Preservar la integridad del T-MEC. Ignorar estas violaciones podría llevar a un retroceso a los años 80, cuando México dependía de preferencias comerciales otorgadas unilateralmente por EE. UU.
- Evitar mezclar agendas. Incluir temas migratorios o de seguridad en la agenda comercial podría diluir los beneficios del tratado y abrir la puerta a mayores presiones futuras.
Estrategias para México: jugar en la cancha del T-MEC
Para enfrentar este desafío, México debe combinar audacia y legalidad:
- Iniciar consultas formales bajo el T-MEC. Esto refuerza la credibilidad del tratado como marco regulatorio.
- Invocar la excepción de seguridad nacional. Argumentar que los aranceles amenazan la estabilidad económica del país podría proteger a sectores clave.
- Separar la agenda comercial. México debe insistir en que el T-MEC no se utilice como herramienta de presión en temas migratorios o de drogas.
El costo de no actuar: México, el más afectado
El desprecio por las reglas del T-MEC afecta más a México que a sus socios comerciales. Un conflicto prolongado podría erosionar la confianza en el país como destino de inversión extranjera y dificultar la implementación de políticas comerciales sólidas.
Además, ignorar los mecanismos legales del T-MEC sienta un precedente peligroso, donde futuras administraciones estadounidenses podrían usar el tratado como arma política, debilitando la soberanía económica mexicana.
¿Un arancel por otro? La tentación de una guerra comercial
Aunque responder con aranceles equivalentes parece justo, esta estrategia tiene riesgos significativos. México depende en gran medida del comercio con EE. UU., y una guerra comercial podría tener consecuencias devastadoras para la economía nacional.
En lugar de caer en provocaciones, México debe enfocarse en fortalecer su posición en la región, diversificar sus socios comerciales y consolidar su papel como un actor confiable en el comercio global.
México, jugar con inteligencia es la clave
Frente a las amenazas de Trump, México no puede permitirse improvisaciones. La cancha es el T-MEC, un terreno donde las reglas están definidas y donde el país tiene herramientas legales para defender sus intereses.
En lugar de confrontaciones impulsivas, México debe actuar con estrategia, preservando la estabilidad económica y protegiendo su credibilidad en el comercio internacional.
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