El agua es un nutriente esencial para la vida y un componente fundamental para el crecimiento saludable de niños y niñas. Aun así, muchas familias subestiman la importancia de una hidratación adecuada y permiten que bebidas azucaradas como jugos industrializados o gaseosas ocupen el lugar que debería tener el agua.
Una hidratación insuficiente puede afectar el rendimiento escolar, la concentración, el estado de ánimo e incluso el funcionamiento del sistema digestivo e inmunológico. Por eso, conocer cuánta agua necesitan los niños y cómo fomentar este hábito es una estrategia clave para cuidar su salud desde pequeños.
Cuánta agua necesitan los niños según su edad
La Academia Americana de Pediatría (AAP) y organismos como la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) recomiendan estas cantidades aproximadas de líquidos totales diarios (incluyendo agua, alimentos y otras bebidas) en un clima templado:
- Niños de 1 a 3 años: 1,3 litros (alrededor de 5 vasos)
- Niños de 4 a 8 años: 1,6 litros (6-7 vasos)
- Niños de 9 a 13 años: 2,1 litros para niñas y 2,4 litros para niños (8-10 vasos)
- Adolescentes de 14 años en adelante: 2,3 litros para chicas y 2,6 litros para chicos (9-11 vasos)
Estas cantidades pueden variar según la actividad física, la temperatura ambiente y el estado de salud del niño. En días de calor, ejercicio intenso o fiebre, es importante ofrecer más líquidos.
Consecuencias de la deshidratación en la infancia
Cuando los niños no consumen suficiente agua, pueden sufrir desde cansancio, irritabilidad y dolores de cabeza, hasta problemas más graves como estreñimiento, infecciones urinarias recurrentes e incluso bajo rendimiento cognitivo.
Diversos estudios han demostrado que una deshidratación leve es suficiente para reducir la capacidad de atención y memoria a corto plazo, fundamentales para el aprendizaje en la escuela.
Cómo motivar a los niños a beber más agua
En un entorno lleno de bebidas saborizadas, lograr que los niños prefieran el agua puede ser un reto. Algunas estrategias útiles son:
- Dar el ejemplo: si los adultos toman agua con frecuencia, los niños tenderán a imitar este hábito.
- Ofrecer botellas o vasos divertidos: elegir recipientes con colores llamativos o personajes favoritos hace que el agua resulte más atractiva.
- Añadir sabor natural: unas rodajas de limón, naranja, pepino o menta pueden hacer que el agua tenga un toque especial sin agregar azúcar.
- Establecer horarios de hidratación: ofrecer un vaso de agua al despertarse, antes y después de jugar, y con cada comida ayuda a crear una rutina.
- Evitar bebidas azucaradas en casa: limitar el acceso a jugos industrializados o gaseosas enseña que el agua es la bebida principal para calmar la sed.
Cómo identificar si un niño está bien hidratado
Una forma sencilla de controlar la hidratación es observar el color de la orina: si es clara o amarillo pálido, significa que el cuerpo está bien hidratado. La sensación de sed, la boca seca, el cansancio sin causa aparente y la orina oscura son señales de que el niño necesita más líquidos.
El agua, un hábito esencial para toda la vida
Enseñar a los niños a tomar agua de forma regular es una inversión en salud a largo plazo. Más allá de calmar la sed, una buena hidratación fortalece el rendimiento físico e intelectual y previene enfermedades. Con paciencia y creatividad, las familias pueden convertir el consumo de agua en un hábito tan natural como cepillarse los dientes.
