En el 141 de Wooster Street, Nueva York, se esconde «The New York Earth Room»: una escultura de 280,000 libras de tierra que, desde 1977, desafía el vertiginoso mercado inmobiliario y comercial de la ciudad, ofreciendo un santuario de silencio y quietud.
En el corazón de SoHo, uno de los barrios más caros y dinámicos del mundo, donde cada metro cuadrado se cotiza en oro y las tendencias cambian con la velocidad de un post de Instagram, existe una anomalía. En el segundo piso de un edificio de lofts, detrás de una puerta sin pretensiones, se encuentra un espacio de 3,600 pies cuadrados que no está lleno de muebles de diseño, ni de obras de arte enmarcadas, ni de tecnología de punta. Está lleno de tierra. Ciento cuarenta toneladas de ella.
Se llama «The New York Earth Room», una monumental instalación del artista Walter De Maria que ha permanecido prácticamente intacta desde 1977, un monumento silencioso y radical a la naturaleza en medio de la jungla de asfalto.
¿Qué es «The New York Earth Room»? Los Hechos
Las estadísticas de la obra son tan impactantes como su concepto. La instalación consiste en 250 yardas cúbicas de tierra, turba y corteza, que cubren el suelo del loft con una profundidad uniforme de 22 pulgadas. El peso total de la escultura es de 280,000 libras (aproximadamente 127,300 kilogramos).
Creada por el pionero del «Land Art» Walter De Maria, esta fue la tercera de sus «Earth Rooms». La primera se instaló en Múnich en 1968 y la segunda en Darmstadt, Alemania, en 1974. Ambas fueron temporales. La versión de Nueva York, sin embargo, se convirtió en una instalación permanente gracias al apoyo de la Dia Art Foundation, que la mantiene abierta al público de forma gratuita desde 1980.
Una Experiencia Sensorial: El Olor, la Humedad y el Silencio
Visitar «The New York Earth Room» es una experiencia que involucra todos los sentidos. Al entrar, el visitante es recibido por el inconfundible y rico olor a tierra húmeda y una palpable sensación de humedad en el aire. El silencio es lo más sorprendente; las 140 toneladas de tierra absorben el sonido, creando una burbuja de quietud que contrasta brutalmente con el bullicio de las calles de SoHo.
Una barrera de plexiglás a la altura de la rodilla impide que los visitantes pisen la tierra, pero les permite asomarse y contemplar la inmensidad de este paisaje interior. La luz natural que entra por las grandes ventanas del loft baña la tierra, cambiando su color y textura a lo largo del día, creando una obra de arte viva y en sutil transformación.
El Guardián de la Tierra: La Vida de Bill Dilworth
Durante 35 años, desde 1989 hasta su reciente jubilación en 2024, la obra tuvo un solo cuidador: Bill Dilworth, un artista por derecho propio. Su trabajo consistía en regar y rastrillar la tierra una vez por semana para mantenerla nivelada y responder a las preguntas de los visitantes.
«La gente mira la Earth Room y piensa que no crece nada. Pero lo que es cada vez más evidente es que el tiempo está creciendo allí. El hecho de que no cambie significa que el tiempo se acumula constantemente», reflexionó Dilworth en una entrevista.
El Significado de la Nada: Un Acto de Resistencia Cultural
Walter De Maria fue siempre reservado sobre el significado de su obra, describiéndola simplemente como «una escultura de tierra interior horizontal y minimalista». Es precisamente esa ausencia de un significado impuesto lo que le da su poder.
«The New York Earth Room» es un acto de resistencia. En una ciudad obsesionada con el cambio, es un bastión de permanencia. En un mercado donde todo tiene un precio, es económicamente «inútil» y, por lo tanto, invaluable. Desafía la comercialización del arte y obliga al espectador a reconsiderar su relación con la naturaleza, el espacio y el valor. Al colocar algo tan común como la tierra en el contexto de una galería de arte en uno de los lugares más cosmopolitas del planeta, De Maria no solo empujó los límites de lo que el arte puede ser, sino que también creó un espacio para la contemplación silenciosa, un recordatorio de que, a veces, la cosa más valiosa que podemos experimentar es la quietud.
