La segunda temporada de «El Juego del Calamar» llega a Netflix el jueves, tras una primera entrega que conquistó al mundo entero. La serie se ha destacado por mostrar la desesperación y la lucha por la supervivencia en un juego mortal donde la muerte acecha a cada paso. Sin embargo, pocos saben que las raíces de esta historia, que captura la brutalidad de las relaciones sociales y económicas, se encuentran en una de las huelgas más violentas en la historia reciente de Corea del Sur: la huelga de Ssangyong en 2009. El director de la serie, Hwang Dong-hyuk, se inspiró en los eventos de esta huelga para retratar el derrumbe social de los protagonistas, atrapados en un sistema desigual que los lleva al borde de la desesperación.
La huelga de Ssangyong y su impacto en «El Juego del Calamar»
En mayo de 2009, Ssangyong, un gigante automotriz surcoreano, anunció un plan de despidos que afectaría a más de 2,600 trabajadores. Este ajuste estructural fue la chispa que encendió una huelga que se prolongó por 77 días, en la que los empleados ocuparon la planta de la empresa como medida de protesta. Las autoridades respondieron con una represión brutal, utilizando policías antidisturbios armados con pistolas eléctricas y gases lacrimógenos para sofocar las manifestaciones. Esta brutalidad quedó grabada en las memorias de los trabajadores y dejó una huella profunda en la sociedad surcoreana.
Hwang Dong-hyuk, director y creador de «El Juego del Calamar», afirmó que las experiencias del protagonista Gi-hun fueron inspiradas por esta huelga, un claro reflejo de cómo las estructuras de poder pueden someter a la clase media, empujándola hacia el abismo de la pobreza de la noche a la mañana.
El terror de la violencia estatal y las luchas por la justicia
La huelga de Ssangyong no terminó con la ocupación de la planta. Después de que las fuerzas del orden pusieran fin a la toma, los trabajadores enfrentaron un largo proceso judicial. Más de 200 personas fueron procesadas y casi 100, incluidos líderes sindicales, fueron encarceladas. Esta represión también provocó un número alarmante de suicidios entre los obreros, quienes no podían soportar las secuelas de la violencia vivida.
Lee Chang-kun, uno de los dirigentes sindicales más destacados, llevó su protesta a un extremo extremo: se encaramó en la chimenea de la fábrica durante 100 días para llamar la atención sobre las injusticias que vivieron los trabajadores. Esta lucha refleja la opresión que experimentan los ciudadanos en un país donde la violencia estatal sigue siendo una sombra presente en la vida diaria.
La serie «El Juego del Calamar» captura esa sensación de desesperación. La idea de competir por la supervivencia en un juego mortal resuena con las experiencias de los huelguistas, que luchaban no solo por sus empleos, sino por su dignidad y la de sus familias.
De la huelga a la serie: Un análisis de la crisis social surcoreana
Lo que hace que «El Juego del Calamar» sea tan impactante es su capacidad para conectar con el sufrimiento humano de una manera que va más allá de la simple ficción. La serie no solo es un reflejo de la desesperación de los personajes, sino también un espejo de las tensiones sociales y políticas que viven las personas en la vida real. Las relaciones tensas entre empleados y empleadores, las políticas de austeridad y los recortes de personal, son problemas comunes que enfrentan muchas naciones hoy en día, y Corea del Sur no es la excepción.
El activista Lee Chang-kun expresó su frustración al ver cómo la historia de los trabajadores de Ssangyong se convirtió en un producto cultural vacío, un tema que, en su opinión, no ha dado lugar a un cambio real. A pesar del gran éxito de la serie a nivel mundial, para los trabajadores que vivieron esas experiencias, la realidad sigue siendo una lucha constante por la justicia social.
La violencia estatal y la ola coreana: «El Juego del Calamar» como parte de una narrativa mayor
La popularidad internacional de «El Juego del Calamar» también está relacionada con el fenómeno de la «ola coreana», un movimiento cultural que ha traído consigo un auge en la popularidad de películas, series y música surcoreana. Este movimiento ha puesto en evidencia temas como la violencia estatal y la desigualdad social, lo que lo ha hecho atractivo no solo para la audiencia coreana, sino también para el público global. Las historias como «Parásitos» y la música de BTS también abordan la crítica a las estructuras sociales, lo que refleja una creciente preocupación por las tensiones entre las clases sociales en Corea del Sur.
El académico Vladimir Tikhonov, experto en estudios coreanos, señala que las producciones más exitosas de Corea del Sur suelen narrar historias que hablan de la violencia estatal y la crueldad del sistema capitalista, algo que también está presente en «El Juego del Calamar». A medida que la serie explora la lucha por la supervivencia en un sistema opresivo, nos invita a reflexionar sobre la realidad de aquellos que sufren las consecuencias de una sociedad profundamente desigual.
¿Qué podemos esperar de la segunda temporada de «El Juego del Calamar»?
La segunda temporada de «El Juego del Calamar» se estrena en un contexto de crisis política en Corea del Sur. La destitución del presidente Yoon Suk Yeol por parte del Parlamento, debido a su fallido intento de instaurar la ley marcial, refleja un país sumido en la incertidumbre. La serie podría continuar explorando las dinámicas de poder y la lucha por la supervivencia en un contexto de crisis.
Los fanáticos de la serie esperan con ansias ver cómo se desarrollan las tramas y qué nuevos personajes enfrentarán las mortales pruebas. Sin embargo, la verdadera pregunta es si esta temporada, como su predecesora, será capaz de seguir reflejando los problemas sociales de Corea del Sur y el mundo, con la misma intensidad que lo hizo en la primera entrega.
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